Carlos París
Público. 29 de Abril de 2008
No te parece maravilloso, amigo lector? De repente, se ha levantado una oleada en defensa de los derechos humanos y de la independencia de los pueblos. Un verdadero tsunami, que se extiende de un país al otro. Y alcanza desde los altos mandatarios hasta la protesta callejera. No se podía recordar tan intenso y amplio movimiento desde las manifestaciones que se produjeron contra la declaración de guerra a Irak. ¿Creías que la sociedad actual estaba dominada por el egoísmo y la búsqueda sólo del propio bienestar? Ya ves que no. Ha bastado que la antorcha olímpica se haya puesto en marcha hacia China para que los ánimos se hayan encendido en solidaridad con el Tíbet y con las víctimas de la opresión del régimen chino.
Hay que boicotear los Juegos Olímpicos. Las muchedumbres rodean a los portadores de la simbólica antorcha y tratan de arrebatársela. El Parlamento Europeo se reúne para debatir la conveniencia del boicot. Que no acudan los jefes de Estado a la inauguración. Que perciba el Gobierno chino con vergüenza la recriminación del mundo libre y democrático
Pero ¿ no es demasiado maravilloso todo este movimiento? ¿Por qué se concentra en China, saltando del deporte a la política? ¿ Es que este inmenso país representa una isla de represión y violencia, en medio de un mundo lleno de justicia y paz, de profundo respeto a los derechos de los individuos y de los pueblos?
No parece tal paraíso un mundo en el que cerca de mil millones de niños, mujeres y hombres no pueden satisfacer sus necesidades alimenticias, ni acceder a la cultura, ni a una vida digna, y en que –ante esta terrible situación– la política de los países ricos se concentra en encerrarse en su bienestar y blindar las fronteras.
Sin embargo los escándalos del orden mundial no se agotan en el mantenimiento de esta criminal situación. A ella se añaden recientes hechos muy concretos.
El Parlamente Europeo discute la conveniencia de boicotear los Juegos Olímpicos y muestra su preocupación por el Tíbet. Propicia una negociación del Gobierno chino con la última reencarnación del Dalai Lama. Y, en cambio, permanece indiferente a la gravísima situación del pueblo saharaui, cuyo territorio permanece ocupado por Marruecos desde hace medio siglo y cuya población es perseguida sin que se le conceda el primario derecho de autodeterminación. Con la vergonzosa complicidad de los sucesivos gobiernos democráticos españoles, especialmente responsables como representantes de la antigua potencia colonial. Y es que la monarquía marroquí, con todo su desprecio de los derechos humanos, es fiel aliada de Occidente…
Preguntémonos: ¿de que autoridad ética y jurídica pueden hacer gala el premier Brown –que ya ha anunciado su ausencia en la inauguración de los Juegos– y no digamos el presidente Bush, después de que los ejércitos de sus países hayan invadido Irak en una guerra ilegal, y sean responsables de cientos de miles de víctimas civiles? Responsabilidad que se extiende a los Estados colaboradores en la invasión y masacre. ¿Y qué diremos del infierno de Guatánamo? ¿O de los traslados de prisioneros hacia lugares de tortura con la complicidad de los gobiernos europeos?
Vivimos en un mundo inmerso en la barbarie. Una barbarie fortalecida por el desarrollo tecnológico y científico, que beneficia sólo a una parte –la dominante– de la sociedad. Evidentemente esta denuncia general no puede servir de pretexto para justificar las ejecuciones ni las deficiencias de los derechos humanos en China. Pero sí para preguntarnos: ¿por qué, en medio de esta barbarie, China se ha convertido en blanco preferente de una ofensiva crítica?
¿Por qué los JJOO, desbordando su planteamiento deportivo, están siendo motivo de explotación para levantar esta intensa campaña?
Lo primero que se puede pensar es que la maniobra forma parte del anticomunismo que recorre el mundo. Algún miembro del PP lo ha expresado rotundamente: “Hay que boicotear los Juegos porque China es un país comunista”. En mi opinión, sin embargo, el régimen chino ya no puede ser considerado como propiamente comunista.
El comunismo chino se acabó con Mao y luego ha ido evolucionando hasta terminar hoy en un capitalismo –ciertamente no liberal– dirigido por un poderoso Estado. Y que no sigue los dictados de los grandes poderes que dirigen la economía mundial. Lo cual, como ha subrayado el importante economista Stiglitz, le ha permitido el espectacular desarrollo que inquieta al capitalismo occidental. Y aquí, podemos adivinar alguna de las claves de la ofensiva antichina.
China camina hacia su elevación a primera potencia mundial. La deuda de los EEUU con China es de tal orden que, según se ha dicho gráficamente, cada ciudadano estadounidense debe 4.000 dólares a cada chino.
Ciertamente China ofrece un gran mercado para la venta de los productos occidentales: una mano de obra óptima para trasladar las industrias de los países avanzados, por su capacidad de trabajo y baratura. Y es en estos aspectos en los que se fijan quienes piensan que la negativa a boicotear los Juegos se asienta en intereses económicos.
Al mismo tiempo, la emergencia de China rompe el orden y la hegemonía de los EEUU y de Europa. Su política internacional se enfrenta en el Consejo de Seguridad (junto a Rusia) a los dictados de los gobiernos de EEUU. Es un peligro para la sumisión que Occidente aspira a imponer. Y aquí se insinúa la mano que puede mover los hilos de toda esta farsa que moviliza a los ingenuos. No son los derechos humanos lo que está en cuestión, sino la rivalidad en el poder.
Respetado profesor, en el sitio http://www.tribunademocratica.com en el que colaboramos especialmente costarricenses, escribí el texto que le adjunto que aporta -me parece- algunos otros datos dignos de tener en cuenta a propósito de su comentario sobrela China.
Le solicito autorización para difundir su interesante asunto en la citada página.
Cordialmente,
China sigue siendo el principal verdugo del mundo
Raúl Marín | 17 de Marzo 2008
El planeta quedará fascinado con los juegos olímpicos chinos del 2008. Esos descomunales estadios y los otros gigantescos centros de competición han sido el resultado de la conjunción de la sabiduría y de la ciencia arquitectónica con el espíritu de la fastuosidad propia de los gobernantes orientales. Pero, detrás de ese escenario circense hay una despiadada realidad que niega los mínimos requerimientos para enormes sectores de esa sociedad de gozar, al menos, de los derechos humanos que garanticen el respeto a su dignidad.
Para erigir las infraestructuras olímpicas los obreros han venido de todos los rincones del inmenso país. Pues bien, estos trabajadores, en una nación que se precia de socialista -la campeona mundial, por lo demás, en ejecuciones de penas de muerte según Amnesty International y el diario Le Monde del 25 de junio de 2005-, han sufrido inhumanos vejámenes, como el no pago del salario que los deja sin sustento hasta por un año lejos de sus hogares y sin posibilidad de costearse el retorno, producto de las quiebras fingidas de las compañías constructoras extranjeras, mediando la indiferencia gubernamental.
De un año para otro, entre 80 y 90 millones de campesinos se instalan en las ciudades y en ellas está surgiendo una pobreza de otro signo. De hecho, mientras las personas de bajos ingresos representan el 20% de los residentes urbanos, ellas apenas poseen menos del 3% de la riqueza de las ciudades.
De los 1.300 millones de habitantes con que cuenta el país, 800 millones viven en condiciones más que precarias en las áreas rurales. Además, el problema del desempleo es alarmante pues la cifra de nuevos empleos serviría tan sólo para cubrir la mitad de la oferta laboral, según el periódico China Daily del 14 de febrero de 2006.
El propio primer ministro Wen Jiabao ha confesado en su último informe a la Asamblea Popular Nacional: “percibimos profundamente la distancia nada desdeñable que todavía media entre la labor del Gobierno y las exigencias que le plantea la situación y las expectativas que en él deposita el pueblo”.
No obstante, para la acomodadiza política exterior estadounidense China -con leve apertura comercial- ya no estará en la primera lista de los estados violadores sistemáticos de los derechos humanos, según el informe 2007 del Departamento de Estado, de modo que estaría integrando una segunda lista, junto con Venezuela, Nigeria, Tailandia, Egipto y Kenia. Pese a ello, ese documento recoge escalofriantes apreciaciones sobre este cardinal tema, señalando que en dicho país los gobernantes “continúan negando a sus ciudadanos derechos humanos y libertades fundamentales básicas” (AFP). También se indica de casos de tortura y del control abusivo de la natalidad. Agregándose, “El gobierno continuó vigilando, acosando, deteniendo y encarcelando a periodistas, escritores, activistas y abogados, así como a sus familias, quienes en su mayoría solo buscaban ejercer sus derechos previstos en la ley”.
El informe de Amnistía Internacional (AI), denominado, China: La cuenta atrás para los Juegos Olímpicos: Un año para cumplir las promesas en materia de derechos humanos, de agosto de 2007, se centra en cuatro áreas: la pena de muerte, la reclusión sin juicio, el abuso contra los activistas de los derechos humanos y la libertad de prensa. Para Irene Khan, Secretaria general de AI “China sigue siendo el principal verdugo del mundo” y según Human Rights Watch, China constituye una de las principales preocupaciones a nivel mundial por su falta de progreso en materia de derechos humanos.
Por su parte, el Parlamento Europeo, mediante el documento de la sesión final del 20 de julio de 2006 sobre las relaciones Unión Europea-China, enfatiza en el quebranto por parte de esta de los derechos humanos. El documento en comentario es muy preciso señalando las violaciones chinas a la dignidad humana, baste como ejemplo lo acordado en el numeral 55: “Condena, en particular, la existencia de campos de trabajo laogai a lo largo del país, en los que la República Popular China detiene a activistas defensores de la democracia, activistas sindicales y miembros de minorías sin un juicio justo, obligándoles a trabajar en circunstancias atroces y sin tratamiento médico; expresa su profunda preocupación por el hecho de que los presos de los campos laogai se vean obligados a renunciar a su libertad religiosa y a sus opiniones políticas, de que aún se lleven a cabo ejecuciones en esos campos, y de la extracción ilegal de órganos de los prisioneros ejecutados; se muestra preocupado por el hecho de que los Estados miembros de la UE puedan importar cantidades considerables de bienes producidos o fabricados parcialmente en régimen de trabajo forzoso en los campos laogai chinos…”
Ojalá que los próximos juegos olímpicos permitan enfatizar sobre esos temas y que no sirvan de pretexto para un inhumano enmascaramiento.
Raúl Marín | 17 de Marzo 2008
comentario por Raúl Marín — Julio 19, 2008 @ 3:51 pm |