Carlos París
Bajo constelaciones burlonas. Ed. Nuestra Cultura. Madrid. 1981 pp44-46
Cuando la vida es dura, cuando la tierra se cierra ante el arado y los cielos arrugan su ceño, cuando los niños lloran porque el cuenco de leche está vacío y las manos que se tienden hacia el pan sólo tropiezan con migas, cuando la leña en el hogar se extingue y el viento ulula y la rueca se para, ayuna de lana, entonces el hombre se siente en el destierro y en su alma estremecida nacen imágenes mensajeras de otros mundos.
Cuando las fábricas se cierran, y el martillo pilón yace derribado y las estridencias metálicas han enmudecido, las multitudes cubiertas de negras boinas se apiñan desoladas ante las puertas herméticas. Y las obras paralizadas se convierten en osamentas de gigantes absurdos y las grúas son sólo inmensas jorobas estériles, Entonces en las ciudades estalla la angustia, la desesperación, y el hombre se transfigura ante la helada mirada del hambre. (más…)