Todas la revoluciones han sido combatidas ferozmente por los poderes del orden establecido. Pero en el caso de Cuba el hostigamiento ha alcanzado una intensidad sin parangón
CARLOS PARÍS
ed. PUBLICO, Miércoles 31 de Diciembre de 2008
La primera imagen de la revolución cubana fue la llegada triunfante a La Habana de los barbudos guerrilleros que luchaban contra un doble objetivo degradante del país: la dictadura de Batista y la colonización estadounidense, que había convertido a la isla en un paraíso de corruptas expansiones.
Pero los ideales de los revolucionarios iban mucho más lejos: a la ambición de libertad e independencia se unió la de crear una organización social anticapitalista. Y su puesta en marcha situó a Cuba en el blanco de los intereses capitalistas, al par que provocaba la huida de numerosos profesionales que representaron una sangría en importantes funciones del Estado emergente.
Eran los tiempos de la guerra fría. Y los dirigentes de la revolución, apoyados por la Unión Soviética, que veía una cabeza de playa en su combate con los EEUU, adoptaron el modelo soviético con la figura del Partido único y la del gran líder director de la revolución.
Personalmente he criticado en repetidas ocasiones dicho modelo, que no representa fielmente el ideal marxista de la “sociedad de productores asociados”, como superación del capitalismo y creación del “reino de la libertad”. Read More