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El rapto de la cultura
Ed. Mañana, SA. Madrid, 1978
Ed. E. Laia,Barcelona, 1983

PRÓLOGO

El rapto de la cultura por los poderosos: un grande y terrible tema de toda nuestra historia. Junto a la explotación del trabajo humano. Junto al crimen y la guerra. Grandes ejes que organizan, reforzándose mutuaménte, el chirriante giro de una historia doblegada por frustraciones. Cuyo viento desolador se llevó la Imagen de otra historia posible: la convivencia de los hombres, abrazados en el gozo de su existencia, en la fiesta en que crecen las energías capaces de hacer un mundo a nuestra medida y revelarnos nuestras más altas posibilidades.

Sí: el rapto de la cultura, un hecho complejísimo en sus alcances y resonandas, un dilatado panorama que explorar. Primaria, radicalmente significa algo decisivo: la realidad de que la cultura como elaboración superior y como forma de vida ha sido arrebatada a las masas. Y entonces resuena como motivo básico el despojo y clamor de estas multitudes. De unas muchedumbres que levantaron catedrales, botaron naves dominadoras del mar, alzarono inmensos pájaros de acero, estremecedores de un espacio atónito. Que forjaron también los instrumentos con los cuales hemos explorado el infinito inmenso del espacio y la oquedad infinitésima de la célula y el átomo. Son los “aceituneros altivos”, los canteros y leones, los picadores de las minas, los obreros de las fábricas. Hombres y mujeres que con su trabajo físico han sostenido la historia del progreso humano. Mujeres que han parido y amamantado la carne de sufrimiento y explotación, que ha prolongado las savias de esta fuerza de trabajo y desarrollado el oscuro laborar doméstico, aún más ignorado y robado que la faena productiva. Manos armadas secularmente de martillos y hoces, vencedores de la materia, protagonistas de una épica creadora, sobre la cual se han encaramado las minorías. Hombres y mujeres agentes de una cultura manual que desarrolló nuestro cerebro y posibilitó la ciencia moderna. Y a quienes se ha querido negar la comprensión de su la tarea, el perfil de las ecuaciones que encierran los ritmos y leyes a que esta insistente labora se ajusta. Read More

Sergio Vences Fernández
laopinioncoruña.es 27 de Marzo de 2007

En 1951, se incorpora a la Universidad compostelana Carlos París Amador. En reñidísima oposición, frente a un falangista, Sabino Alonso Fueyo, había ganado la cátedra de Filosofía, a la tempranísima edad de veinticinco años (Ortega y Gasset había obtenido, con veintisiete años, la cátedra de Metafísica en la Universidad de Madrid). Venía a ocupar la plaza que había quedado vacante toda vez que su titular, el insigne pensador Juan David García Bacca, vencida la Segunda República, emprendió los ácidos caminos “del éxodo y del llanto” que dijo el poeta León Felipe. Read More

Carlos París

POR UNA COMPRENSIÓN BIOLÓGICA DE LA CULTURA SUPERADORA DEL AISLACIONISMO Y REDUCCIONISMO

La reflexión sobre el ser humano ha experimentado la atracción de dos polos opuestos. Por una parte la tendencia a explicar desde sus bases materiales, biológicas, los aspectos superiores de nuestra condición humana, considerándolos, en el limite más avanzado de esta tendencia, como meros epifenómenos. Tal es el ideal reduccionista. Inversamente la instalación en la singularidad humana se ha esforzado por acuñar conceptos irreductibles a las categorias biológico‑materiales, afirmando que el estudio de nuestro ser y los varios aspectos que definen las ciencias humanas y sociales requiere un repertorio de categorias nuevo y propio. En nuestro tiempo, la sociobiología, muy señaladamente en la obra de E O.Witson, relanzó el aludido ideal reduccionista, equipado con las armas de la nueva síntesis. En el debate provocado por las tesií sociobiológicas y que cubrió multiples frentes ‑así el de los ambientatistas frente al geneticismo de los sociobiólogos‑ es pertinente recordar ahora las réplicas de los antropólogos como Sahlins, insistiendo en el concepto de cultura, centrado en la aparición de un mundo simbólico, que abriría un horizonte inédito, en el cual las explicaciones y conceptos biológicos se hacen prácticamente irrelevantes. La obra de Wilson posterior a dicho debate, en colaboración con Lumsden, tratará de reestructurar las tesis iniciales, de un modo más abierto. Read More

Carlos París

Público 05-11-2007

Aunque más de uno opine lo contrario, la dictadura franquista dejó profundas huellas en nuestra sociedad, que penosamente aún permanecen. Al afirmar semejante perduración, no me refiero a los entusiastas de aquella execrable época, que, brazo en alto, se oponen a que las estatuas del Caudillo sean retiradas de calles y plazas. Tampoco aludo a las increíbles resistencias –sólo comprensibles desde un criptofranquismo– con que tropieza la elemental necesidad de hacer justicia a la historia de la II República, su derribo violento y la siguiente y larguísima represión, pretextando que ello puede “abrir heridas”. Lo que pretendo sacar a luz es el modo en que muchas actitudes anímicas e importantes equívocos conceptuales lastran nuestra sociedad, arrastrando la rémora de la dictadura.Tal ocurre con la autoritaria tendencia al abuso del poder, ejercido en los más distintos ámbitos por sujetos que actúan como herederos de los viejos impunes ‘jerarcas’, y con la amplitud de la corrupción, que cubre tantos campos. Asimismo es significativa la prepotencia con que la ‘jerarquía’ eclesiástica –ahora este término abusado pintorescamente en el lenguaje falangista es usado en su religioso sentido exacto– se dirige a la ciudadanía y a los gobiernos. Read More

El filósofo desgranó en el Club Faro sus memorias sobre Galicia y sobre la vida política y académica en la dictadura.
Rafa López
Faro de Vigo
20 de enero de 2007

Carlos París repasó ayer en el Club Faro casi medio siglo de la historia reciente de Galicia y de España, una época que nos ha llevado, según su irónica analogía, “de la Contrarreforma a Internet”: de la dictadura de Franco a la globalización.
Quien fuera durante el franquismo simpatizante y militante del Partido Comunista de España habló del proceso que condujo al país a lo que él llamó “democracia formal”: “Mantengo una postura crítica frente a la transición española -admitió-. Las ambiciones de base de las gentes de España fueron traicionadas por las democracias occidentales. Se temía una España revolucionaria y se prefirió una España fascista”, manifestó.
Quien fuera alumno suyo en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Santiago en los años cincuenta, el escritor Xosé Luis Méndez Ferrín, mantuvo un animado diálogo con el filósofo, que no pudo evitar hablar de Galicia. “El conocimiento de esta tierra fue muy emotivo para mí -explicó-, por la cordialidad y la dulzura del carácter gallego”.
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