Archivo

Archivo de la etiqueta: II República

CARLOS PARÍS

Ed. PÚBLICO 17 de Noviembre de 2010

Que gran parte de nuestra ciudadanía se encuentra cada vez más escéptica ante la política es un hecho manifiesto. Y, si contemplamos el espectáculo que últimamente se nos ofrece, no es de extrañar tan penosa situación. Ante la actual crisis nos encontramos, por una parte, con un Gobierno que, carente de iniciativa, no dictamina más medidas que aquellas que le son dictadas por los grandes mercados financieros y sus directivos, altamente perjudiciales para la mayoría de la sociedad y contradictorias con la ideología que dice profesar. Por otra, una oposición, la del PP, que critica implacablemente dichas medidas, pero que no ofrece otra alternativa que no sea la de reducir impuestos y, consiguientemente, dañar aún más a los trabajadores y clases medias, disminuyendo los servicios sociales. Read More

CARLOS  PARÍS

Presidente del Ateneo de Madrid

Creo que, si queremos profundizar en la historia contemporánea de España, no es posible prescindir del papel que en ella ha jugado el Ateneo de Madrid. Y, obviamente, si, de un modo complementario, aspiramos a comprender la vida de este, nos vemos obligados a enmarcarla en los avatares que han marcado nuestro devenir cultural, político y social, desde el siglo XIX.  Ha sido el Ateneo  madrileño tanto una caja de resonancia del acontecer y de las etapas recorridas por la colectividad hispana, como una fuerza impulsora en la evolución de nuestra sociedad. En términos biológicos, podríamos hablar de un permanente metabolismo entre la llamada “docta casa” y el curso d e la vida española.

En la mente de todos, y del modo más llamativo, está el protagonismo del  Ateneo en el desarrollo del florecimiento cultural que representó la generación del noventa y ocho, convertido su edificio en destacado lugar de encuentro y comunicación, en la rica vida de aquellos años. En los  cuales ocuparon la Presidencia de la institución figuras como Miguel de Unamuno o Valle Inclán. Y, de un modo aun más culminante, no se puede olvidar la importancia del Ateneo en  la gestación de la II República, de la cual fue Presidente Manuel de Azaña, también Presidente del Ateneo de Madrid. Read More

CARLOS PARÍS

Ponencia en las “IV Jornadas sobre la cultura de la República española (La guerra)” celebradas  en la Universidad Autónoma de Madrid del 18-21 de abril de  2006

Publicada en el libro “ La República y la cultura”, Coordinado por Julio Rodríguez Puértolas. Ed Akal, Madrid, 2009, pp. 379-387

La sublevación contra el gobierno de la II República, que dará lugar a la guerra civil, se produce en un momento de esplendor de la cultura española.  Dicho florecimiento cultural y la labor en pro de la transformación y ascenso de la educación pública, emprendida por la República, remediando el largo abandono que había padecido la escuela en nuestro país,  fue el objeto de mi anterior intervención en estas jornadas. Que el triunfo franquista  tras los casi tres años de contienda supuso el hundimiento de semejante desarrollo  es algo evidente. Las generaciones que nos formamos  bajo la dictadura nos vimos obligadas a un esfuerzo singular de recuperación de la memoria oficialmente borrada. Y a la tarea de su desenterramiento. Un desenterramiento que, hoy día, se prosigue, aún  más dramáticamente,  no ya en pos de creaciones culturales, sino de cadáveres humanos.

Pero aquel momento- los años de vida de la II República española y su brillo intelectual- presenta, también, una espectáculo de  intensa lucha de clases, en que los sectores populares, el proletariado industrial y campesino, de larga combatividad en nuestro país, pelean por su emancipación.  Y en que toda la crisis de la economía y de la democracia misma recorre Europa, desembocando en los movimientos fascistas o parafascistas como salida. Ello dará a la guerra civil española un alcance que, desde el marco inicial de  nuestros estrictos conflictos históricos, como señala Santos Juliá, ( 1 )  se levantará a un alcance que transciende nuestras fronteras, convirtiendo al escenario español en representación prematura de lo que será la II guerra mundial del siglo XX. Y convertirá a los combatientes por la República en aquellos que “se levantaron antes del alba”, según la bella y épica calificación de Artur London. Read More

CARLOS PARÍS

Ponencia en las III Jornadas sobre la cultura de la República española celebradas en la Universidad Autónoma de Madrid del 19 al 21 de abril de 2005

Publicada en el libro “La República y la cultura” coordinado por Julio Rodríguez Puértolas, Ed. Akal, Mdrid, 2009 pp. 253-260

Hablar de educación y cultura en la II República es abordar uno de los aspectos en que el empeño por elevar y renovar la vida de nuestro país rayó a mayor altura, dentro de los esfuerzos que dicha etapa de nuestra historia,  desgraciadamente tan breve y brutalmente yugulada, supuso. La atención dedicada a este mundo de la educación es significativa del carácter peculiar revestido por la República de 1931. Muchas veces se ha dicho que era una república de intelectuales. Y, efectivamente, el desarrollo cultural vivido por nuestro país en las últimas décadas del XIX y primeras del XX se hizo presente en una nueva política, capaz de asumirlo y potenciarlo frente a la mediocridad de anteriores gobiernos. Y en tal política   la herencia de la Institución Libre de Enseñanza jugó un papel importante. Ciertamente experimentando un importante giro. Giner era apolítico, se refería con burla a la “fe supersticiosa en la Gaceta”, tal como entonces se designaba a la que fue después el Boletín Oficial del Estado. Sin embargo, refutando tal escepticismo, los gobernantes de los primeros y los últimos años de la etapa republicana, con la excepción del “bienio negro”, mostraron la importancia de realizar la renovación educativa desde el poder. Aunque en el ejercicio de éste no dejaron de adolecer de lo que he muchas veces he llamado la “ilusión intelectualista”, propia de los “ilustrados”.  La creencia de que basta con la transformación de la educación para cambiar la sociedad. Y, consecuentemente, se hizo patente su  limitación para afrontar los urgentes problemas inmediatos en que la sociedad que les rodeaba se hallaba sumida, cabalmente en momentos en que la crisis económica y la pobreza popular heredada de políticas conservadoras llevaba a agudos extremos la lucha de clases.  Así como mostraron una gran  ingenuidad para percibir el golpe militar que se avecinaba. Read More

Carlos París
Surgieron, prescindiendo de antecedentes arqueológicos, como el Ateneo de Calígula en Roma,  en la Europa del siglo XIX como resultado de la Ilustración. Y a la luz de su espíritu, que veía en el desarrollo y extensión de la cultura la clave del progreso hacia una sociedad mejor. Se pretendía, a través de su actividad, no sólo  fomentar la ciencia, y  las artes, sino influir en la sociedad y la política.
Y, ciertamente, jugaron un importante papel en nuestra historia. Aunque se fueron extendiendo por todo el territorio español, y, junto a los Ateneos clásicos, surgieron Ateneos libertarios y obreros, podemos referirnos, con valor ilustrativo,  al Ateneo de Madrid y su dilatada vida, interrumpida en dos ocasiones por la represión reaccionaria. Siempre temerosa de la funesta manía de pensar. Fundado en 1820, fue cerrado en 1823, al imponerse el régimen absolutista, para ser reabierto en 1835., tomando su nombre actual de “Ateneo científico, literario y artístico”. También la dictadura franquista lo cerró, para convertirlo primeramente en un  “Aula de cultura”.dependiente de FET y de las JONS y, después,  aunque recuperado su nombre, gobernarlo desde la Dirección General de Propaganda.
A lo largo de su existencia el Ateneo madrileño ha gozado de un gran protagonismo en la vida cultural y política de nuestro país. Nada más significativo que recordar el nombre de algunas de las grandes figuras que lo presidieron. Como Ramón Menéndez Pidal, Gregorio Marañón. Manuel Azaña, Ramón del Valle Inclán, o Unamuno. Se puede afirmar que el Ateneo influyó poderosamente en la implantación de la II República en España, tradición republicana que sigue viva. Read More

CARLOS PARÍS

Ed. Público el 15 de Abril de 2009

No deja de resultar curiosa y sorprendente la atención obsesiva que la jerarquía católica otorga a la sexualidad y la reproducción humanas dentro de la moral. Una acumulación de hechos pone al vivo y renueva esta ancestral actitud. Es la imagen de Benedicto XVI combatiendo el uso del preservativo en África, un continente azotado por el sida. La incitación a las cofradías de Semana Santa, al parecer sin excesivo éxito, para que se manifestaran contra el proyecto de ley sobre la interrupción voluntaria del embarazo. Son las barreras levantadas contra la experimentación y utilización de embriones, prácticas capaces de remediar enfermedades. Y las campañas provocativas, en las que se presenta a los fetos abortados como niños bárbaramente trucidados. O las insistentes convocatorias para manifestarse contra el matrimonio homosexual, en nombre de la familia tradicional que, tan frágil al parecer como el Licenciado Vidriera, está a punto de quebrarse.

Tal empecinada campaña contra realidades que abren espacios de libertad y progreso contrasta con el silencio –sólo alterado por algunas piadosas declaraciones– ante la injusticia en la distribución del poder y la riqueza entre los pueblos y las clases sociales. A la par que los movimientos que, dentro del mismo catolicismo, tratan de luchar contra esta injusticia, como la teología de la liberación y los movimientos de cristianos de base, son considerados con rechazo y condenación. Mirando hacia nuestro pasado podríamos recordar la bendición de una sublevación contra el Gobierno legítimo de la II República, bautizada por los obispos, nada menos que como “cruzada”. Read More

CARLOS PARÍS

Ed. PÚBLICO. Sábado 20 de Diciembre de 2008

Con su muerte reciente, se nos ha ido José Luis Rubio, un miembro destacado –aunque no se hayan rendido los honores merecidos a sus méritos– de la generación de posguerra. Aquella que vivió su juventud en los primeros años de la dictadura, en la década de los cuarenta y cincuenta del pasado siglo. Eran tiempos en que España estaba dividida por un alto muro y un foso repleto de cadáveres, muchos de los cuales todavía hoy están saliendo a luz. La muralla separaba a vencedores y vencidos en la Guerra Civil que siguió a la sublevación contra la República. Y los hijos de los vencedores quedaban aislados de la España perseguida, masacrada y torturada, en la que los otros jóvenes, los de las familias derrotadas, vivían una terrible existencia, tal como han relatado, entre otros testimonios, Lidia Falcón en sus Hijos de los vencidos o Miguel Salabert en El exilio interior. Read More

Carlos París

Publicado en La Razón

“A tiempo y destiempo” se titula el último libro de Adolfo Sánchez Vázquez,, que hace pocas semanas ha sido presentado en la Casa de América de Madrid. Acertado título porque Sánchez Vázquez ha sido un pensador marcado por el duro tiempo de su vida, pero emergiendo sobre él, sobre los avatares del oleaje momentáneo de la historia , para mirar, siempre, al luminoso norte de la realización humana en una nueva sociedad. Y por ello sus consideraciones son tan oportunas como “intempestivas”.

Inició su trayectoria vital, en los años treinta del pasado siglo como poeta y como militante comunista. En esta unión en que la lucha por un mundo mejor resplandecía con toda su grandeza estética en tantas figuras como Miguel Hernández, Alberti, Neruda, Cesar Vallejo. Y “derrotado pero no vencido”, como Don Quijote, conoció el exilio mejicano, cuajado de nombres gloriosos, como uno, entre ellos, de sus miembros más jóvenes, pero también más creadores y más ilustres.

Y allí trató de clarificar las raíces de su compromiso, de convertir en rigor intelectual las intuiciones y sentimientos que animaban su voluntad de rebeldía ante la injusticia de la sociedad. Y, para lograrlo, profundizó en el marxismo. Antes de él, no habían surgido importantes pensadores marxistas en España, como los que habían florecido en otras tierras. No los había alumbrado el movimiento obrero y revolucionario español, más caracterizado por su heróica combatividad, por su lucidez ante las amenazas del fascismo, en que sus hombres y mujeres se “levantaron antes del alba”, como escribió London, que por su vertebración teórica. Ni en las aulas académicas que frecuentó Sánchez Vázquez en la II República encontró los instrumentos intelectuales que ardientemente buscaba para iluminar su rebeldía y su esperanza en otro mundo. Tampoco en México, salvo en Eli de Gortari y Wenceslao Roces. Pero, trabajando fundamentalmente como un autodidacta, Adolfo Sánchez Vázquez captó y expuso en su filosofía de la praxis los más medular del marxismo. Frente al determinismo cientificista, desarrollado desde la socialdemocracia alemana hasta Althusser, y frente a la escolástica “metafísica”–aunque este término repugnaría a sus defensores– del Diamat, construyó su “filosofía de la praxis”. Parte en ella de la visión del ser humano creador y libre, llamado a levantar su mundo estético, técnico, noético, social, frustrado, empero, en la alienación y en la explotación de las sociedades de clases. Incorpora, así, a la filosofía de la praxis la crítica de la historia, desde sus bases económicas, especialmente la del modo de producción capitalista. Y muestra la posibilidad “racional” de su superación, no como un término asegurado por la dialéctica histórica sino como resultado de un esfuerzo, cuyo fracaso nos puede llevar a la barbarie, que estamos viviendo, o a la destrucción de la humanidad.

“A tiempo y destiempo” es una recopilación de trabajos muy diversos en que esta filosofía de la praxis aborda los más variados temas, desde el arte y la literatura a la filosofía y la política, con la crítica del llamado “socialismo real” y el análisis de la actual situación del mundo que su transformación debe enfrentar. Y lo que en otros libros es yuxtaposición  eventual, en éste se convierte en singular mérito. Pues ofrece al lector una visión a la par sintética y amenamente variada de la amplia obra de Sánchez Vázquez, tan unitaria en sus ideas centrales como rica en los temas que enfoca. Permite apresar su núcleo central y su diversidad de proyecciones. Representa, entonces, una incitación para la detenida lectura de este pensador, si el lector no la ha realizado.

Es un acierto la  inclusión de escritos biográficos que nos abren el panorama de nuestra convulsa historia a lo largo de más de medio siglo y nos hacen percibir algo siempre importante, la vida que subyace a la obra de un autor. Un autor con quien hace ya más de medio siglo he tenido la fortuna de mantener una profunda amistad, un rico intercambio de ideas, y compartir el ideal de “ese otro mundo” que como nos dice Sánchez Vázquez anheló desde su juventud.

Carlos París

Publicado en  La razón Abril de 2001

Estoy escribiendo el 14 de abril del 2001. Hace setenta años se proclamó la II República española. Fue aquella la fecha más cuajada de esperanzas por parte de nuestros pueblos en el siglo que acaba de morir. Entonces se puso en marcha un proyecto histórico de convivencia renovadora, que fue yugulado violentamente tras larga guerra. No sólo fue yugulado, además, como algunas plumas, cual la de Antonio Elorza, han expuesto estos días se ha pretendido borrar tal proyecto de la memoria colectiva y enterrarlo en el olvido. Como si la historia de la II República y de su heroica defensa armada hubiera sido una pesadilla, inquietante para nuestros días  ápteros  y grises, bajo el lema de que “España va bien”.  Y, por ello mismo, es  necesario recordar lo que representó aquel tiempo de esperanza y de inicio de una renovación que hubiera podido levantar a España muy por encima de su actual resignación a la mediocridad
Si comparamos ambos tiempos, el de la II República y el actual, lo primero que podemos observar es que en aquel existía un proyecto creador y renovador. En profunda unidad con la voluntad de afrontar sin tapujos los graves, gravísimos, problemas que afectaban a nuestra sociedad. Algo muy distinto del clima actual en que los problemas- aun siendo de apariencia menos apremiante-  son en todo caso, ocultados, difuminados( para conseguir la ataraxia de nuestra sociedad). Y en que la perspectiva de un proyecto ambicioso y movilizador brilla por su ausencia.
Ciertamente los problemas con que se encontraba la II República eran especialmente intensos. Una situación de pobreza y amplio analfabetismo. Un momento histórico de crisis económica y política, con el ascenso de los fascismos y con las perspectivas de las revoluciones obreras y campesinas. Y ante esta situación se abrían dos grandes avenidas: la de los intelectuales, empeñados en llevar adelante el desarrollo cultural que fructificaba  desde el pasado siglo XIX  y la de las masas luchando por acceder al poder y crear una sociedad sin explotación. En nuestro país ambos movimientos habían estado históricamente bastante alejados, pero en la II República y la guerra civil se empezaron a unir en nuevas generaciones, que el triunfo de los sublevados liquidó físicamente o envió al exilio. Una unidad que en importante medida se reconstruyó en la oposición al franquismo, hasta que la amañada transición, tan ilustrativamente comentada por Antonio García Trevijano en diversos artículos en estas mismas páginas, liquidó, ahora menos violenta, más corruptoramente, atrayendo a muchos  pretendidos “progres” a las esferas del poder.
Corrupción: quizá con este término  apresamos una de las mayores diferencias entre la época de la II República y la actual. Y una de las grandes lecciones que de aquellos tiempos debieran venirnos. Por mucho que podamos criticar a las figuras  políticas que dirigieron la II República no se puede poner en duda  su honestidad, .Una honestidad en la cual brillaba  la austeridad. Aplastada actualmente por el despilfarro irresponsable y la exhibición del lujo. Por la difusión de la picaresca..
Fueron tiempos de moralidad pública y de alta ilustración. Comparemos los discursos de nuestros políticos con los pronunciados en aquellas jornadas. Y nuestro mundo cultural dominado por el oportunismo y las mafias de la industria cultural, devoradoras de beneficios,  con la producción y el clima dialogante de aquella época. La II República construyó seiscientas escuelas mensuales en su primera etapa. Erradico el analfabetismo en toda Cataluña. El paso del tiempo,  nos ha traído una España con muchos menos analfabetos, y con menos hambre. Pero  ¿qué se lee, qué espectáculos se ofrecen en la poderosa TV?  y ¿que se come? Productos adulterados por la industria alimentaria, escenarios como el de El Gran Hermano, libros fabricados para los amañados premios, redactados sin la más elemental sintaxis.
¿Pesimismo ante lo actual? ¿ Nostalgía? No, amigo lector, se trata de que recuperemos el sentido crítico, la voluntad de superación, la conducta ética. Es lo menos  que debemos aprender de la II Republica y aplicar a los problemas de nuestros días.

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.