Carlos París
Surgieron, prescindiendo de antecedentes arqueológicos, como el Ateneo de Calígula en Roma, en la Europa del siglo XIX como resultado de la Ilustración. Y a la luz de su espíritu, que veía en el desarrollo y extensión de la cultura la clave del progreso hacia una sociedad mejor. Se pretendía, a través de su actividad, no sólo fomentar la ciencia, y las artes, sino influir en la sociedad y la política.
Y, ciertamente, jugaron un importante papel en nuestra historia. Aunque se fueron extendiendo por todo el territorio español, y, junto a los Ateneos clásicos, surgieron Ateneos libertarios y obreros, podemos referirnos, con valor ilustrativo, al Ateneo de Madrid y su dilatada vida, interrumpida en dos ocasiones por la represión reaccionaria. Siempre temerosa de la funesta manía de pensar. Fundado en 1820, fue cerrado en 1823, al imponerse el régimen absolutista, para ser reabierto en 1835., tomando su nombre actual de “Ateneo científico, literario y artístico”. También la dictadura franquista lo cerró, para convertirlo primeramente en un “Aula de cultura”.dependiente de FET y de las JONS y, después, aunque recuperado su nombre, gobernarlo desde la Dirección General de Propaganda.
A lo largo de su existencia el Ateneo madrileño ha gozado de un gran protagonismo en la vida cultural y política de nuestro país. Nada más significativo que recordar el nombre de algunas de las grandes figuras que lo presidieron. Como Ramón Menéndez Pidal, Gregorio Marañón. Manuel Azaña, Ramón del Valle Inclán, o Unamuno. Se puede afirmar que el Ateneo influyó poderosamente en la implantación de la II República en España, tradición republicana que sigue viva. (más…)
Mayo 30, 2009
Los Ateneos: su actual necesidad y sentido
Noviembre 9, 2008
¿Es esto el gobierno del pueblo?. La democracia: ¿mito o realidad?
CARLOS PARÍS
Ed. PÚBLICO. Domingo, 9 de Noviembre de 2008
El triunfo de Barack Obama ha alegrado, en gran parte del planeta, más allá de las fronteras de los EEUU, a los hombres y mujeres deseosos de un mundo más justo. Y no sólo por el resultado electoral, sino por las características de la campaña con una movilización fervorosa poco frecuente en estos procesos. Pero tal alegría no debería impedirnos reflexiones críticas sobre la realidad que vivimos y de la cual los recientes comicios son una expresión digna de análisis. Enjuiciemos no el personaje, sino el procedimiento a través del cual ha sido elegido.
En primer lugar, el mismo impacto universal de estas elecciones, los anhelos y preocupaciones que a él se asocian, leído objetivamente, no deja de ser revelador del injusto mundo en que vivimos. En una humanidad que alcanza los seis mil millones de habitantes sobre la tierra, 79 millones, la cifra de los votantes de Obama, arrastran tras sí las esperanzas y el futuro no sólo de sus compatriotas, sino de todo el colectivo humano. Y no por mera solidaridad, sino en razón del propio interés. No parece, entonces, que los hombres –y las mujeres, añadamos– nazcan “libres e iguales”, como pretenden las declaraciones de derechos humanos. Un voto de un ciudadano estadounidense cuenta mucho más en la inmediata historia que el voto de un boliviano, de un español o de un francés. Como la vida de un ciudadano de tal país cuenta también mucho más que la de un iraquí, un afgano o un periodista español, como Couso. Desgraciadamente, estamos tan hechos a esta realidad y tan poco imbuidos de la idea de una democracia universal que, quizá, a más de un lector le parezca natural esta desigualdad entre poderosos y menos potentes. Y, sin embargo, se escandaliza cuando se tacha de imperialista a la política de los EEUU. Un imperialismo, que esperemos, Obama suavice. (más…)
Julio 7, 2008
Las claudicaciones de la izquierda
Carlos París
Ed. Público 06/07/08
http://blogs.publico.es/dominiopublico/
Pocas cosas en el mundo actual me parecen tan sorprendentes como la contradicción interna que la política abriga. Por una parte el manifiesto fracaso del capitalismo para resolver los graves problemas sociales de la humanidad y, por otra, la creciente ceguera para percibir este fracaso y reaccionar ante él. ¿Es la que denunciaba Saramago en su lúcido Ensayo sobre la ceguera? Y en esta ceguera se mueve a tientas una izquierda que ha perdido el vigor de sus grandes convicciones, aquellas con que se erguía anunciando la posibilidad de un mundo mejor.