CARLOS PARÍS
Ponencia en las “IV Jornadas sobre la cultura de la República española (La guerra)” celebradas en la Universidad Autónoma de Madrid del 18-21 de abril de 2006
Publicada en el libro “ La República y la cultura”, Coordinado por Julio Rodríguez Puértolas. Ed Akal, Madrid, 2009, pp. 379-387
La sublevación contra el gobierno de la II República, que dará lugar a la guerra civil, se produce en un momento de esplendor de la cultura española. Dicho florecimiento cultural y la labor en pro de la transformación y ascenso de la educación pública, emprendida por la República, remediando el largo abandono que había padecido la escuela en nuestro país, fue el objeto de mi anterior intervención en estas jornadas. Que el triunfo franquista tras los casi tres años de contienda supuso el hundimiento de semejante desarrollo es algo evidente. Las generaciones que nos formamos bajo la dictadura nos vimos obligadas a un esfuerzo singular de recuperación de la memoria oficialmente borrada. Y a la tarea de su desenterramiento. Un desenterramiento que, hoy día, se prosigue, aún más dramáticamente, no ya en pos de creaciones culturales, sino de cadáveres humanos.
Pero aquel momento- los años de vida de la II República española y su brillo intelectual- presenta, también, una espectáculo de intensa lucha de clases, en que los sectores populares, el proletariado industrial y campesino, de larga combatividad en nuestro país, pelean por su emancipación. Y en que toda la crisis de la economía y de la democracia misma recorre Europa, desembocando en los movimientos fascistas o parafascistas como salida. Ello dará a la guerra civil española un alcance que, desde el marco inicial de nuestros estrictos conflictos históricos, como señala Santos Juliá, ( 1 ) se levantará a un alcance que transciende nuestras fronteras, convirtiendo al escenario español en representación prematura de lo que será la II guerra mundial del siglo XX. Y convertirá a los combatientes por la República en aquellos que “se levantaron antes del alba”, según la bella y épica calificación de Artur London. Read More
