EL PAIS. Martes, 1 de febrero de 2000

R. FRAGUAS Madrid

Carlos París, bilbaino de 74 años, es un hombre sonriente, luchador, escuchador y lúcido. Quizá por ello ha asumido la retadora tarea de presidir uno de los centros de creación y de crítica de la cultura más polémicos, y también más vivos, de Madrid: el Ateneo de la calle del Prado, con cuatro mil socios, que él preside desde hace tres años. Para ello, París ha renunciado a la tranquila dirección de tesis doctorales y las mieles de su cátedra emérita en la Autónoma de Madrid. Cursó estudios de Filosofía. Ha desempeñado cátedras de Fundamentos y de Antropología en las universidades de Santiago de Compostela, Valencia, Méjico y Madrid. Preside la Sociedad Española de Filosofía y es autor de una veintena de libros. Sus inclinaciones se orientan hoy hacia la Generación del 98; de su pléyade, Miguel de Unamuno polariza su atención en mayor medida que ningún otro, señaladamente en la fase de su pensamiento troquelada por el marxismo, del que París es hoy uno de los exponentes españoles más destacados. Su pasión por el espíritu libre, según reconoce, le ha llevado a aceptar el rectorado del Ateneo, espina dorsal de la sociedad civil culta, librepensante y republicana de Madrid.Pregunta. De las características del Ateneo, ¿cuál destaca más?

Respuesta. Aquí se puede decir todo aquello que en la calle no puede decirse. Esta frase de Cánovas del Castillo resume bien su rasgo más señalado. Por muy radicales que sean las ideas y opiniones, todas tienen aquí un recinto para ser enunciadas y debatidas. Y ello sobre la base de un profundo respeto por todas las demás.

P. ¿Cómo armoniza el peso de la tradición ateneísta con la presión del futuro?

R. Con nuevas ideas. Por ejemplo, vamos a crear en breve plazo una sección de Física y Matemáticas. Pero tenemos ya otras veinte secciones que abarcan casi todos los dominios del pensamiento. Las comisiones tienen vida democrática propia.

P. En ocasiones, los debates en el Ateneo han sido acres, virulentos. ¿A qué obedece esa pasión?

R. El ateneísta tiene una personalidad polémica. Es persona aficionada al debate, ejercicio muy saludable que el Ateneo, como espacio de libertad, le garantiza.

P. ¿Qué característica destacaría de los madrileños?

R. Destacaría su amor por las tertulias y el diálogo, rasgos que han fundamentado la tolerancia como una seña de identidad madrileña. Madrid es la ciudad de España más abierta a la totalidad. Prueba de ello es que el carácter multiétnico y multicultural es ya un hecho en muchos barrios.

P. ¿Qué aspecto critica?

R. Hay siempre una tentación por resignarse a la adversidad, que debemos combatir.

P. ¿Qué propone?

R. Ejercer la rebeldía de la discusión; mantener el espritu abierto de las tertulias y la comunicación personal, necesarios para mantenernos vivos.

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