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Carlos París

Publicado en La Razón

“A tiempo y destiempo” se titula el último libro de Adolfo Sánchez Vázquez,, que hace pocas semanas ha sido presentado en la Casa de América de Madrid. Acertado título porque Sánchez Vázquez ha sido un pensador marcado por el duro tiempo de su vida, pero emergiendo sobre él, sobre los avatares del oleaje momentáneo de la historia , para mirar, siempre, al luminoso norte de la realización humana en una nueva sociedad. Y por ello sus consideraciones son tan oportunas como “intempestivas”.

Inició su trayectoria vital, en los años treinta del pasado siglo como poeta y como militante comunista. En esta unión en que la lucha por un mundo mejor resplandecía con toda su grandeza estética en tantas figuras como Miguel Hernández, Alberti, Neruda, Cesar Vallejo. Y “derrotado pero no vencido”, como Don Quijote, conoció el exilio mejicano, cuajado de nombres gloriosos, como uno, entre ellos, de sus miembros más jóvenes, pero también más creadores y más ilustres.

Y allí trató de clarificar las raíces de su compromiso, de convertir en rigor intelectual las intuiciones y sentimientos que animaban su voluntad de rebeldía ante la injusticia de la sociedad. Y, para lograrlo, profundizó en el marxismo. Antes de él, no habían surgido importantes pensadores marxistas en España, como los que habían florecido en otras tierras. No los había alumbrado el movimiento obrero y revolucionario español, más caracterizado por su heróica combatividad, por su lucidez ante las amenazas del fascismo, en que sus hombres y mujeres se “levantaron antes del alba”, como escribió London, que por su vertebración teórica. Ni en las aulas académicas que frecuentó Sánchez Vázquez en la II República encontró los instrumentos intelectuales que ardientemente buscaba para iluminar su rebeldía y su esperanza en otro mundo. Tampoco en México, salvo en Eli de Gortari y Wenceslao Roces. Pero, trabajando fundamentalmente como un autodidacta, Adolfo Sánchez Vázquez captó y expuso en su filosofía de la praxis los más medular del marxismo. Frente al determinismo cientificista, desarrollado desde la socialdemocracia alemana hasta Althusser, y frente a la escolástica “metafísica”–aunque este término repugnaría a sus defensores– del Diamat, construyó su “filosofía de la praxis”. Parte en ella de la visión del ser humano creador y libre, llamado a levantar su mundo estético, técnico, noético, social, frustrado, empero, en la alienación y en la explotación de las sociedades de clases. Incorpora, así, a la filosofía de la praxis la crítica de la historia, desde sus bases económicas, especialmente la del modo de producción capitalista. Y muestra la posibilidad “racional” de su superación, no como un término asegurado por la dialéctica histórica sino como resultado de un esfuerzo, cuyo fracaso nos puede llevar a la barbarie, que estamos viviendo, o a la destrucción de la humanidad.

“A tiempo y destiempo” es una recopilación de trabajos muy diversos en que esta filosofía de la praxis aborda los más variados temas, desde el arte y la literatura a la filosofía y la política, con la crítica del llamado “socialismo real” y el análisis de la actual situación del mundo que su transformación debe enfrentar. Y lo que en otros libros es yuxtaposición  eventual, en éste se convierte en singular mérito. Pues ofrece al lector una visión a la par sintética y amenamente variada de la amplia obra de Sánchez Vázquez, tan unitaria en sus ideas centrales como rica en los temas que enfoca. Permite apresar su núcleo central y su diversidad de proyecciones. Representa, entonces, una incitación para la detenida lectura de este pensador, si el lector no la ha realizado.

Es un acierto la  inclusión de escritos biográficos que nos abren el panorama de nuestra convulsa historia a lo largo de más de medio siglo y nos hacen percibir algo siempre importante, la vida que subyace a la obra de un autor. Un autor con quien hace ya más de medio siglo he tenido la fortuna de mantener una profunda amistad, un rico intercambio de ideas, y compartir el ideal de “ese otro mundo” que como nos dice Sánchez Vázquez anheló desde su juventud.

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