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Carlos París. Memorias sobre medio siglo.
Ed.Península, Barcelona 2.006.

Antonio García Santesmases

Estamos en un momento en que es frecuente la llamada a recuperar la memoria histórica. Los historiadores nos advierten continuamente que no es lo mismo memoria que historia. Nada más cierto pero hay que añadir que ninguna interpretación histórica es neutral. Todas las interpretaciones existentes están cargadas de ideología y no es la menor la ideología que llama a volver a enterrar los recuerdos molestos que no encajan con los parámetros de la transición a la democracia.
Es igualmente cierto que, al optar por un marco general en el que encajen todas las piezas, se pierden muchos datos significativos y se malinterpretan muchas actuaciones. Por todo ello es de gran valor la publicación de memorias donde los personajes públicos van dando cuenta de los avatares de su existencia y, lo que es más importante, del sentido que han querido dar a sus acciones. En el campo de la filosofía contamos con algunas memorias importantes como son las escritas por Jose Luis Aranguren Memorias y esperanzas españolas; Julian Marías Una vida presente; Pedro Laín Entralgo Descargo de conciencia y Enrique Tierno Galván Cabos Sueltos. En las generaciones posteriores de Fernando Savater Mira por donde y Eugenio Trias El árbol de la vida.
Existe, sin embargo un cierto vacío en la generación intermedia entre Aranguren y Savater , en esa generación a la que pertenecen Carlos París, Manuel Sacristán, Miguel Sanchez Mazas, Jose María Valverde, Emilio Lledó y Gustavo Bueno.
La obra de París viene a suplir este vacío. Digamos, en primer lugar, que es una obra de la que aparece un primer tomo que abarca desde 1.925 hasta 1.979. Se anuncia un segundo volumen con las reflexiones posteriores. París pertenece a una generación que se forma intelectualmente en los años cuarenta. Llega a catedrático muy joven (25 años) y evoluciona desde un falangismo juvenil hasta la militancia en el partido comunista en los años setenta. Por la obra van pasando la universidad imperial de los años cuarenta, las grandes esperanzas de los sesenta y el tránsito a la democracia en los setenta.
¿Cómo se formaron aquellos jóvenes en los años cuarenta? Tras la victoria en la guerra civil el bando franquista se cebó especialmente en el ámbito de las facultades de filosofía. Estas fueron tomadas por eclesiásticos que deseaban borrar todo recuerdo de la época orteguiana. Así como en otras facultades algunos catedráticos se remitían al legado orteguiano( Maravall, Diez del Corral) no fue este el caso de las facultades de filosofía, especialmente de la facultad de filosofía de la universidad complutense, hasta la llegada de Aranguren en 1.955.
El joven Carlos París conecta con otros jóvenes como Miguel Sánchez mazas, José Luís Rubio, Francisco Pérez Navarro y José maría Valverde y juntos van formando un grupo que intenta conectar el falangismo juvenil con el espíritu católico. Por la obra aparecen tanto los catedráticos que les marcaron en su formación como Santiago Montero Díaz; los profesores que les ayudaron como el Padre Mindán y especialmente los referentes en el campo religioso como el Padre Llanos. Es a partir de la experiencia como se va fraguando la nueva conciencia. El contraste entre la retórica oficial y la realidad social del régimen franquista les llevará a engrosar las filas de la oposición democrática, unos en el campo socialista como Miguel Sánchez Mazas y otros en las filas del PCE como Carlos París. Eran hijos de los vencedores pero prefirieron compartir la suerte de los hijos de los vencidos para ir elaborando juntos plataformas de oposición a la dictadura.
Fue una generación sin maestros, que tuvo que articular su pensamiento de una forma autodidacta. Una generación que conecta con la evolución de los miembros de la generación anterior que también pasarán de formar parte de los vencedores a engrosar las filas de la oposición como fue el caso de Pedro Laín Entralgo, de Dionisio Ridruejo, de José Luís Aranguren o de Joaquín Ruiz Jiménez.
Dentro de esta generación Carlos París ha logrado marcar un perfil propio combinando una triple preocupación: un interés por la reflexión científica; una preocupación por la temática religiosa y un fuerte compromiso político. Con Miguel Sánchez Mazas crea París el departamento de Historia y Filosofía de la ciencia en el Instituto de Filosofía del CSIC publicando una revista pionera ( Theoría). La actividad antifranquista de Sánchez Mazas que le conducirá al exilio impidió desgraciadamente la continuidad de este proyecto.
En distintos libros como Hombre y Naturaleza; Mundo técnico y existencia auténtica; y Ciencia, conocimiento y sociedad volverá París sobre estos temas. De esta preocupación vinculada a la Filosofía de la ciencia pasará París a establecer una reflexión acerca de Unamuno en los años sesenta. Su compromiso político cada vez más acentuado le llevará en los años ochenta a publicar su obra Crisis de la civilización nuclear.
No son éstas, sin embargo, unas memorias centradas únicamente en la evolución de la vida intelectual de París sino que aparecen continuas reflexiones acerca de la evolución de la sociedad española en todos estos años sin descuidar el relato acerca de su vida íntima.
Podemos destacar quizás la visión acerca de la universidad. De la universidad imperial de los años cincuenta cuando llega como joven catedrático a Santiago de Compostela, hasta la creación del departamento de filosofía de la universidad autónoma de Madrid, pasando por su estancia en la Valencia de los años sesenta participando en aquella prometedora facultad de filosofía.
Al crear una nueva facultad de filosofía en Madrid París pudo dar cobijo a muchos de los profesores de filosofía que no encontraban hueco en la universidad complutense: Javier Muguerza, Fernando Savater, Alfredo Deaño, Valeriano Bozal, Javier Sadaba, Julio Bayón, Tomás Pollán, Diego Nuñez, Pedro Ribas, Santiago González Noriega… La creación de aquella facultad no estuvo exenta de problemas. Todos los avatares ocurridos cuando se produjo la expulsión de algunos de estos profesores por aquel ministro de educación de infausto recuerdo que fue julio Rodríguez aparecen relatados con humor en este libro de Memorias.
Todos estos hechos son conocidos por los que vivimos aquellos momentos pero son desconocidos por las generaciones posteriores que han ido realizando un acercamiento a la filosofía cada vez más alejado de la reflexión acerca de la historia de su propio país y de la circunstancia en la que se produce el pensamiento. Se ha ido generando un pensamiento sin conexión con la realidad social, sin vinculación con la historia presente, donde no existe preocupación por las mediaciones políticas.
La generación de París era muy distinta. En su obra se refleja muy bien el esfuerzo por conjugar una aportación original en el campo de la filosofía de la ciencia con el propósito de vincularse a la praxis política. En los años juveniles recorriendo los suburbios de Madrid, participando en el servicio del trabajo del Padre Llanos, o incluso incardinándose en la clase obrera trabajando como minero. Ese esfuerzo católico-patriótico es el que les hace a ir acercándose a la España de los vencidos, a los que tienen que ocultar su nombre, a los que no se atreven a mostrar sus ideas, a los que van apareciendo poco a poco en el movimiento universitario, en la reconstrucción del movimiento obrero, en las plataformas culturales y en los movimientos eclesiales.
Me parece muy oportuno el relato de París porque estamos en un momento en el que corremos un doble peligro: desconocer lo que significó el franquismo y no ser capaces de comprender como se fue constituyendo el antifranquismo. Últimamente vemos como algunos son capaces de recordar el pasado fascista de figuras emblemáticas de la cultura española del siglo veinte. Pensemos en Ridruejo, en Laín Entalgo, en Tovar. Es muy justo recordar el fascismo de los años cuarenta pero también lo es insistir en que abandonaron el barco del régimen cuando era difícil y arriesgado, cuando se podía perder la cátedra, acabar en la cárcel o marchar al exilio. Sin ese reconocimiento corremos el peligro de hacer buena la admonición de los franquistas que acusaban a los “nuevos liberales” de tránsfugas que querían abandonar el barco y borrar su pasado. Desde esta perspectiva lo coherente era haber sido fieles a la dictadura hasta el último suspiro del dictador. Gracias a que algunos fueron infieles pudo haber oposición democrática en España.
Sigue siendo un tema polémico saber cómo se produjo la evolución de aquellos jóvenes católicos y patriotas, llenos de espíritu imperial, dispuestos al ascetismo y a la mística que rompieron con su formación y pasaron a engrosar las filas del socialismo y del comunismo. París dice que el talante revolucionario era el mismo aunque los contenidos cambiaron enormemente. Tiendo a pensar que eran ya otros y su talante también. Quizás en el recuerdo uno imagina la continuidad de sí mismo pero en la mirada externa lo que sobresale es la ruptura de contenidos y actitudes.
La personalidad de París es distinta a la de la generación anterior de comunistas que habían vivido la guerra civil como Santiago Carrillo, Manuel Azcarate, Fernando Claudín, o Adolfo Sánchez Vazquez. También es distinta a la de miembros de su generación como Manuel Sacristán o la Gustavo Bueno. Lo es porque no parte de la derrota como Sánchez Vázquez ni por tanto de la vivencia del transterrado, pero tampoco cree en una filosofía sistemática como Gustavo Bueno, ni se incardina en el partido comunista como dirigente como Manuel Sacristán. París aparece como el compañero de viaje que apoya las revistas culturales, que da soporte a los profesores represaliados, que lucha por crear las condiciones para una universidad democrática.
Cuando llegan las primeras elecciones decide apoyar las listas electorales del Partido comunista como independiente y decide posteriormente incorporarse al partido como militante. Posteriormente vivirá desde el interior las sucesivas crisis del proyecto eurocomunista.
El caso de París es peculiar porque no quiere aparecer como filósofo marxista, sino como filósofo y marxista, es decir como alguien que elabora una filosofía antropológica muy personal y a la vez decide llevar su compromiso político hasta la inserción en el partido.
La visión de París de la transición es crítica a la luz de su defensa de un modelo alternativo a la política de bloques militares, cercano a la nueva izquierda de los años sesenta. En su conversación con Azcarate aparece esta identificación con el espíritu de los nuevos movimientos sociales.
Por ello si el libro es importante para contestar a la pregunta de cómo llegó aquella generación a romper con el franquismo también lo es para conocer cómo valora la transición política uno de los intelectuales con mayor protagonismo en aquellos momentos fundacionales de la nueva democracia.
No quisiera terminar sin hablar de la reflexión sobre su vida personal. El hombre que soñaba de joven con dedicarse a la teoría y a la acción, sin ataduras familiares y viviendo una vida intensa pero corta, ha cumplido ochenta años, ha tenido cuatro hijos, ha sufrido la terrible prueba de la perdida de su primera mujer cuando era muy joven y la tragedia de la muerte de su segunda compañera cuando estaba en plena madurez. La fuerza con la que narra el desgarramiento de su vida ante la visita inesperada y repetida de la muerte, es realmente impresionante. Son páginas donde el filósofo profundo que es Carlos Parías va recordando a Job, a Epicuro y a Unamuno, y donde expresa con gran rigor el choque entre el materialismo del hombre de ciencia y la esperanza del hombre religioso.
Memorias pues de un hombre con gran sensibilidad política, de un filósofo con enorme vocación científica, y de un ser humano atravesado por la tragedia personal. Memorias que en ocasiones hacen reír ante el recuerdo de todo tipo de anécdotas que remiten a otro tiempo y a otro país, y que, en otras, nos hacen enmudecer ante la dura experiencia de esos momentos sombríos que rompen una vida feliz,
A pesar de tantas pruebas aciagas del destino Carlos París se recuperó de tanto dolor. En el próximo volumen dará cuenta de sus avatares posteriores, de su relación con los movimientos Antiotan, con la revolución Sandinista y con el movimiento feminista. Algunos ya lo estamos esperando.


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