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CARLOS PARÍS

1 Un enigma inagotable

UNA EXTRAÑA JORNADA

El sol se ha hundido en el horizonte. Sus últimos rayos iluminan, en desesperada, patética agonía, el paisaje enrojecido. Pero, en el extremo contrario, al poniente, no cabalgan presurosas las sombras de la noche, dispuestas a enseñorearse del cielo, sino que, sorprendentemente, se levantan los primeros fulgores de un impaciente amanecer.
¿Qué extraño milagro es éste? El prodigio que corresponde a una jornada histórica singular, aquella en que nacieron nuestros tiempos. El sol que naufraga no es sino la imaginación portentosa del Renacimiento, cargada de fuerza mítica, y el que en el Levante despunta no otra cosa representa sino la razón científica y técnica, también burocrática, que iluminará la modernidad. Y en el paisaje transfigurado por este portentoso contraste de luces, por esta lucha de opuestos soles, cabalga enfebrecido un sin igual paladín: don Quijote de la Mancha.

La singularidad única de su figura rima con la de tan desconcertante paisaje. Y a través de este asombroso contraste de luces debemos verla. Y comprender su trágico sino: la derrota de la fantasía ante la fuerza de la razón.
Las imaginarias creaciones que alumbró el sol del Renacimiento en la plenitud de su mediodía, ahora se van desvaneciendo. Difuminando susformas, se hacen más irreales. Las soñadas y áureas ciudades de la utopía, los paisajes de los Eldorados, los mágicos bálsamos, los héroes, como Palmerín, capaces de «partir de un solo tajo tres gigantes cual si fuesen habas». También la visión de la naturaleza como un organismo, con cuya misteriosa vida comunicamos. Todo ello se va extinguiendo al morir el sol que animaba tales realidades. Todavía en el siglo XVI impulsaban el brazo e inspiraban la mirada de los conquistadores. Y así, Bernal Díaz del Castillo, al contemplar a lo lejos los palacios de los aztecas, podía decir que parecían «cosas de Amadís». Pero en el siglo XVII, cuando Miguel de Cervantes toma la pluma, con el naciente sol se levanta también todo un nuevo mundo.
En él la razón calculadora sustituye a la fantasía. La furia de los Orlandos y d poderío de su brazo es reemplazado por la fuerza de las máquinas. Y éstas inspirarán toda una nueva forma de pensar la naturaleza, convertida en mecanismo, en artificio de relojería. Entonces el héroe omnipotente es arrojado de la escena por el científico, por el burgués calculador y organizado, por el homo economius, definitivamente.

Pero, antes, de las entrañas del viejo mundo, sobre las tierras manchegas, nacerá un héroe que no acepta el fenecer de los áureos tiempos de la fantasía. Que empecinadamente quiere y cree pues el querer forja 1a ilusión vivir en ellos, idealizándolos. ¿Expresa y representa quizá la tragedia de todo un pueblo, reacio a entrar en la modernidad, vista por el genio de Cervantes? ¿La expresa, entonces, nostálgicamente, identificándose con su caballero? ¿O, por el contrario, críticamente, advirtiendo los escollos en que nos estrellaremos de no modificar el rumbo? La lectura del Quijote, por muy universal que sea su mensaje, no puede olvidar el lugar y tiempo en que fue escrito.
Pero, tampoco, se puede desconocer el modo en que se levanta sobre su circunstancia inmediata. La segunda parte de la vida del ingenioso hidalgo se publicó en 1615, el Discurso del Método el «canto de gallo de la modernidad», como escribió Ortega aparecería en 1637, inaugurando definitivamente los nuevos tiempos. Tal suele pensarse, pero quizá ya en el Quijote encontramos el presentimiento y anuncio de la modernidad. Y de un modo superiormente complejo, revelando tantoo sus aspectos positivos como sus limitaciones y costados trágicos.

He aludido al hundimiento de la imaginación renacentista. Pero, ciertamente, nada desaparece de un modo absoluto en la historia ni en la evolución biológica Hegel hablaba en tal sentido de la Aufrebung los mantistas de la «evolución en espiral». Por mi parte, he insistido en el modo en que el curso entero de lo real está montado sobre procesos de «recuperación y reconstrucción» de las viejas realidades en nuevas formas.
Y, así, volviendo a nuestro tema, de las cenizas de aquel mundo renacerá la imaginación en nuevas configuraciones. La fantasía matemática creará y explorará mundos nuevos, abriendo caminos al descubrimiento de la realidad, que podrá desplegarse portentosamente ante el ojo humano. Es el camino recorrido desde las geometrías no euclídeas hasta la física relativista y cuántica. La técnica ideará y forjará ingenios increíbles, superando los sueños de la ciencia-ficción. La literatura, en ocasiones, en los poetas metafisicos ingleses, en el romanticismo, levantará su protesta contra el mundo mecanizado; en otras, recupera las figuras fntásticas, de gigantes y enanos, en Gulliver o en Voltaire, de castillos inaccesibles y transformaciones mágicas en Kafka. Pero, perdida la ilusión del Renacimiento, adquirirá tal recreación las formas del sarcasmo y la crítica. El Quijote constituye, entre tantas cosas, la avanzada de la nueva sensibilidad.
Y, por supuesto, no renunciará la humanidad a la utopía, por más que tal cosa pretendan, haciendo pedantesca gala de madurez, los conformistas de nuestro tiempo. Es más, no contenta con solo soñarla, la humanidad ha ido realizando las que fueron utopías tecnológicas y científicas y ha luchado y seguirá luchando en sus mejores sectores por dar vida a la utopía social.
Ahora bien, en el momento de su nacimiento a la historia el Caballero de la Triste Figura cabalga entre dos universos. La dictadura de Cronos impone la irreversible marcha del pasado que muere al futuro que nace. Y don Quijote, como antes he sugerido, se revela frente a este destino. A la grupa de Rocinante quedan los últimos rayos de la espléndida imaginación renacentista. Dan calor y aliento a la escuálida bestia, son su motor. Enfrente está levantándose, emergiendo como una erupción volcánica, el poderío terrible de la racionalidad y la técnica modernas, culminación de una larga historia.

FRAGMENTO DE Fantasía y razón moderna, Don Quijote, Odiseo y Fausto

ed. Alinaza Editorial. Madrid, 2001

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