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Carlos París

publicado en Física y Filosofía, Madrid CSIC 1952 pp 90-92,96-102

El nacimiento de la ciencia natural a la luz de la ley como su central momento epistemológico

Es a través de esta vinculación entre la ley y el saber científico como hay que comprender algunos aspectos de la historia de la ciencia natural.
Así, ante todo, el hecho mismo de su aparición histórica en el Renacimiento, al cual hemos aludido ya reiteradamente. En algunas ocasiones se ha considerado que la esencia de este acontecimiento radicaba en la invención de una ciencia general de la naturaleza informada por las matemáticas; es decir, primordialmente, en la creación de la física matemática, a la cual va unido el despuntar más lento de las otras ciencias naturales, como extensión de los precedentes métodos existentes en la Edad Media y la antigüedad señalados por Duhem(1). Otras veces se ha subrayado la inclinación al estudio de la naturaleza en sentido experimental, como lo hace Bacon, y la teorización y práctica del experimento y la observación, hasta entonces relegados(2), salvo los precursores Roger Bacon, San Alberto Magno, Arquímedes, etc.

Ahora bien, en realidad, lo decisivo del hecho histórico que comentamos entendemos que radica en el descubrimiento de la ley natural como base de una nueva forma de saber centrada en ella y de una técnica experimental encaminada a su descubrimiento. Así, Galileo, el creador de la ciencia física moderna, lo es fundamentalmente por la peculiarísima luminosidad con que se sitúa ante las leyes naturales. La idea de ley natural, su definición y comprensión, habían sido conquistadas ya años antes de un modo resuelto por Leonardo de Vinci según Cassirer. Sin embargo, faltaba en él la puesta en práctica de su conquista teórica, y la formulación de sus leyes resulta con frecuencia “incierta y ambigua”(3). Galileo consigue la realización adecuada del ideal de Leonardo. Con el Pisano la teoría metodológica se vierte en perfecta técnica mental, alumbradora de las leyes naturales desde su ángulo exacto. Es éste el nervio propio de la genialidad galileana. Como dice Amerio, “con Galileo.., la ley se constituye en el objeto de la ciencia”(4). “Galileo aparece como fundador de la ciencia moderna en cuanto le ha dado un objeto y un instrumento propios: objeto, la ley; instrumento, la matemática”(5). En tal modo, Galileo, como ya hemos subrayado, es el máximo metodólogo de la ciencia moderna en su iniciación. Y esta genialidad en el terreno metodológico, centrada precisamente en su intuición de la ley física, es la raíz de su éxito científico(6).

La aplicación de la matemática al estudio de la naturaleza, por otra parte, responde a esta misma motivación: la concepción de la ley como eje de un nuevo tipo de conocimiento, en cuanto que el modo adecuado de expresión de la ley física es el matemático, según esperamos aclarar más adelante. De esta manera la formación de la fisica matemática es la consecuencia de la intuición de la nueva metodología científico-legal de estudio de la naturaleza referida al mundo físico, en el cual espontáneamente se manifiesta como saber matemático, representando la primera gran etapa en la organización metodológica de la moderna ciencia natural.(7)

Significado de la ley en la evolución de la ciencia. El elemento positivo del saber científico

Así como para entender adecuadamente el significado de la aparición de la ciencia natural en el Renacimiento, también para la comprensión de la problemática relativa a su evolución y sus transmisiones en los períodos críticos, la atención al elemento legal del saber cientitico en su papel central nos suministra un ángulo de considerable valor. En efecto, la historia de la ciencia natural, junto al espectáculo de un aparente progreso incesante, nos muestra paradójicamente un proceso interno de revisión constante, de derrumbamiento de viejas teorías y sustitución por otras nuevas, del cual la física de nuestro siglo nos ofrece uno de sus más singulares ejemplos. Si el primer aspecto, el más relevante superficialmente, que deslumbra con su peculiar espejismo al hombre vulgar y al científico acrítico, induce a una impresión de optimismo y orgullo, como el que nos testimonia la aserción de Bachelard sobre la superioridad indiscutible del progreso científico en relación con los propios de los otros aspectos de la vida espiritual del hombre (8), la segunda cara que la historia de las ciencias nos ofrece, en cambio, repercute en cierta tendencia escéptica de una forma difusa y vaga, y de un modo más riguroso, en una reacción más exigente, en los ensayos de abandono de los conceptos rígidos de verdad y error, para su sustitución por los de aproximación y probabilidad, en las lógicas probabilísticas y plurivalentes, las cuales encuentran aquí su intima motivación. Uexküll ha recogido y formulado esta situación con su gráfica frase: “Una verdad científica no es sino la suma de los errores actuales”.(9)

Ahora, centrando este amplio tema, sobre el cual volveremos posteriormente,(10) en el presente orden de consideraciones, el antinómico fenómeno señalado “progreso-sustitución”, inherente a la historia de la ciencia, visto desde el ángulo de la ley se ilumina notoriamente, afirmándose el carácter progresivo, ascensional, de la evolución científica. En lo que a las leyes de determinada ciencia se refiere, la consideración de su historia nos muestra un constante afinamiento, una continua superación progresiva sobre los hombros del anterior edificio legal, en perenne acercamiento a la entraña de la realidad. Este fenómeno implica a la vez una rectificación del saber anterior y la afirmación de la validez parcial del mismo como intento provisional. Así, aun dentro delimitaciones, del reconocimiento de un margen de forzosa provisionalidad a toda legalidad científica, se asegura, no obstante, el acierto fundamental de ésta y el sentido ascendente del desarrollo científico.

Es en el terreno de la teoría fundamentalmente en el que asistimos a una revisión total de posiciones, suplantación de primitivos principios por tesis contradictorias, de la continuidad a la discontinuidad, del espacio y tiempo absolutos a su negación. Por ello, en repetidas ocasiones los científicos, ante estas revoluciones teóricas, se han agarrado a la parte legal empírica de la ciencia para mostrar la continuidad de su progresión, viendo en ella el testamento que se va transmitiendo a través de las sucesivas generaciones científicas. Como dice Born, refiriéndose a las oscilaciones suscitadas por las diversas explicaciones de las fuerzas eléctricas por acción próxima y por acción a distancia, “lo esencial son los hechos empíricos y sus conexiones conceptuales, y si se siguen éstos no se ve ninguna oscilación, sino una constante evolución llena de fuerza lógica interior ”.(11) Las leyes formuladoras de estas conexiones empíricas son, pues, el elemento de un constante progreso. Así, a partir de los nuevos principios que las subversiones teóricas imponen son ganadas las antiguas leyes experimentales, que en cuanto constataciones empíricas, no pueden en absoluto ser negadas; sólo son corregidas, afirmadas como una primera aproximación, algo burda, que el avance posterior demuestra inexacta. Según indica De Broglie, aludiendo a la absorción de las leyes de la física clásica por la nueva, “por ese procedimiento de aproximaciones sucesivas la ciencia es susceptible de progresar sin contradecirse. Los edificios constituidos sólidamente por ella no son derribados por los progresos ulteriores, sino englobados en edificios más vastos”(12) El principio de correspondencia de Bohr es muy expresivo desde este punto de vista, como esfuerzo de la nueva mecánica cuántica por englobar los datos empíricos de la antigua.

Lo anteriormente dicho no obstaculiza el que también en el orbe de las teorías, sometidas éstas a una meditación más honda, aparezca un cierto orden de continuidad. Nunca la nueva teoría es una mera repulsa de la precedente, sino un esfuerzo sintético, enriquecido, por incorporarla bajo su aparente negación. Es lo que, a nuestro entender, la dialéctica del no de Bachelard expresa.(13) No obstante, la profundidad de la transmutación, aunque no convierta, claro está, la evolución de la ciencia es un puro caos, lo cual seria absurdo, es muy grave y a veces representa la ruptura. En definitiva, asistimos a la formación de un nouvel esprit scientifique que suplante al antiguo. La hostilidad, aunque sea la de padre a hijo, es manifiesta.

La expresión legal de los datos empíricos es, pues, la infraestructura de la historia de la ciencia, sobre la cual el saber teórico se va organizando en síntesis sucesivas. Es también, ya no en un orden histórico, sino doctrinal, el fondo común de concordia bajo las discrepancias suscitadas en torno a la problemática teórica, generalmente de clara resonancia filosófica, como y en el sentido que en el capítulo IV será mostrado. Así, Piéron ha subrayado en el campo de la biología el acuerdo perfecto entre mecanicistas y vitalistas en la parte empírico-legal de su ciencia: “En lo referente a la investigación directa, a la determinación de las leyes de los fenómenos biológícos, la actitud mecanicista o vitalista del sabio… carece enteramente de importancia. Si yo determino las leyes de las diastasas, poco importa que las considere como catalizadores químicos o como manifestaciones vitales irreducibles; si las experiencias son correctas, los resultados serán utilizables por todos, darán materia para aplicaciones prácticas y contribuirán al progreso del saber y de la técnica”.(14) Y precisamente la consecución de este campo de acuerdo unánime entre los científicos, con la consiguiente eliminación de toda problemática inútil desde el punto de vista puramente científico, es el motivo matriz de la posición de Duhem, que podríamos designar como positivismo científico.(15)

Resumen

La ley, pues, se dibuja como medio de expresión genuino del conocimiento científico. Las leyes experimentales, formuladoras de los hechos empíricos y sus condiciones, constituyen el elemento perdurable de la evolución científica y el fondo común de acuerdo bajo las oposiciones teóricas. Los esfuerzos de positivación del conocimiento empujan siempre hacia este fondo de peculiar consistencia
sustrato de todas las teorías (16) a pesar de su estado de perenne evolución aproximativa.

Resumiendo, en consecuencia, los resultados de nuestro primer acercamiento al edificio del saber científico, de pretensiones iniciales meramente descriptivas, indicadoras de sus aristas fundamentales, hemos resaltado la ley y la teoría como elementos pilares de la organización cognoscitiva propia de la ciencia. Esta dualidad, cuya significación profunda irá siendo esclarecida a lo largo de este estudio, responde, tal como ha aparecido con plena espontaneidad, a la doble vertiente, empírica y especulativa, de nuestro conocer. Así, la función de ambas en la sistematización, y en la evolución histórica de la ciencia, según ya se ha apuntado, es muy diversa. Es la ley la que propiamente recoge la novedad del saber científico. La teoría, como hemos dicho, proyecta la pretensión general teórico-especulativa de todo el conocimiento hacia el conjunto legal constitutivo de una ciencia natural determinada. Así, hacia el rebajamiento de su significación se han volcado todos los intentos de positivación del saber científico.

Nuestra siguiente profundización en la organización del saber físico se centrará, pues, en la problemática relativa a la ley física, en primer lugar, y posteriormente, en la alusiva a la teoría física intercalando entre ambas el estudio de la significación de la aplicación del elemento matemático, factor decisivo, al menos desde un punto de vista externo, en la peculiarización epistemológica de la ciencia física.

(1) Así Maritain, Les degrés du savoir, p.83.
(2) Por ejemplo, Rodolfo Mondolfo, en Galileo en Tres filósofos del Renacimiento Ed. Losada, Buenos Aires, 1947.
(3) Cassirer, Individuo e cosme nelIa filosofia del Rinascimento. Trad. italiana F. Federici, La Nuooa Italia. Ed. Firenze (1935), p. 247.
(4) Amerio, op. cit. p. 120.
(5) ibid, p.116
(6) Como dice también Desiderio Parr: “Donde sus predecesores no ven más que casos más o menos particulares, el genio de Galileo da la ley en su generalidad y la describe matemáticamente. Después de él, la ley física puede revestir su natural estructura, la de una función matemática”. Historia de física. Ed Espasa Calpe, Buenos Aires, 1945, p. 41.
(7) AsI la consolidación de la biología con una rigurosa metodología adecuada a la misma y una más perfecta cristalización de su léxico conceptual, cuyas vacilaciones actuales testimonian la dualidad polémica, mecanicismo, vitalismo, consustancial a la historia de la biologia hasta nuestros días, y que en nuestra opinión responde más que nada al estado aún en penumbra de su epistemología, se vera en parte en la necesidad de esperar a que la física llegue a un superior estadio de perfección, ya que no se puede olvidar que la materia de la ley y el fenómeno biológico es la ley y el fenómeno físicos. En este sentido la maduración de la biología es forzosamente posterior y consecuente a la de la física. A ésta responden muchos de los trabajos hechos sobre la física actual cuántica con la esperanza de que sus avances hagan luz en antiguos problemas de la biología. Entre ellos se señala, no sólo por la importancia de su autor, sino por la envergadura (a veces excesivas por su significación filosófica, el problema de la libertad, por ejemplo) de la problemática abordada y el tono esperanzado, la obra de Schördingert What is life? Cambridge University Press, 1945 (hay traducción española). Ver también las avanzadas ideas de jJordan en Die Physik und das Geheimnis des orgasnischen Leven (1945) y los trabajcssde Bohr, Cfr. el resumen de Foz Gazulla en el articulo titulado La física en vísperas de mitad de siglo, Arbor, núms 45-46 (septiembre-octubre 1949), pp. 16 ss. y el del Tratado de fisica, de Westphal (trad. esp.). Ed. Labor (BarcelonaMadrid, 1946). pp, 812 y 813.
(8) véase p. 20, nota 12 de Física y Filosofía
(9) Eine wissenchaftliche Wahrheit ist nicht anderes als die Summe der lrrtürmer von heute, citado por Bavink,
Ergebnisse und Probleme, 5ª ed., p. 37.
(10) Véanse caps. ll y IV de Física y Filosofía
(11) La teoría de la relatividad de Einstein y sus fundamentos físcos. Espasa calpe, Madrid, 1922,p. 172.
(12) La física incoa y los cuantos (trod. esp. de juan Guixé). Ed. Losada (Buenos Aires, 1947),Y edic. p. 15.
(13) Expuesta in,cialmente en forma bosquejada en Le nouvel esprit scient J)que y de tonna mis
sistemática, posteriormente, en Le philosophie du non (obras ya riladas).
(14) Pieron, Du role etde la signification du conflit scientifique entre mécanisme et vitalisme, en Scienta, vol. XXXI (1922)
(15) Véase cap. IV de Física y Filosofía
(16) La concepción neopositivista de la ley, como inmediatamente veremos en la iniciación del próximo capitulo, representa, por su extremismo, la caricatura de esta tendencia general del positivismo. En ella, en el afán progresivo por la eliminación de las dimensiones teóricas de nuestro conocimIento, se suprime el carácter universal de las mismas leyes exrimentales,deprovistas de su carácter de afirmaciones de índole universal; queda sólo el hecho singular empírico

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