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CARLOS PARÍS

Público 19/ 09/2008

Se ha anunciado la puesta en marcha de una nueva ley de interrupción voluntaria del embarazo, ampliamente reclamada, hace ya largo tiempo, por los sectores feministas y progresistas de nuestra sociedad. Según la vicepresidenta Fernández de la Vega, la ley debe ser precedida por un una amplia reflexión y, finalmente, ha de recoger un consenso. Pero es de esperar que asistamos a una cerrada oposición de los sectores conservadores, que ya vienen boicoteando la práctica de la actual Ley del Aborto, a pesar de sus limitaciones. De hecho, el Vaticano se ha apresurado a formular su inquietud ante la iniciativa y los medios reaccionarios han empezado a destapar la caja de los truenos. Por ello, desde el primer momento, resulta necesario desmontar las argumentaciones que la oposición al aborto libre viene esgrimiendo.

Esta militante oposición, que ha llegado al extremo de la violencia contra las clínicas y los médicos practicantes del aborto, parte de un sofisma básico: la consideración de los embriones como seres humanos, como personas. De la cual se deriva la calificación del aborto como un asesinato. Y la legalización del aborto en la mayoría de los países europeos, como un genocidio. Julián Marías llegó a escribir que el mayor crimen del siglo XX, despreciando sus devastadoras guerras, el holocausto, el lanzamiento de las bombas atómicas, había sido nada menos que la legalización del aborto. Y es que, para los militantes de las asociaciones pro vida, parece que la forma de vida mas auténticamente humana, mas propia e intangible, es la embrionaria, sometida, después, a una absurda continuación. ¿Destinada principalmente a la producción de nuevos embriones?

¿Es mera caricatura sarcástica lo que acabo de escribir? No lo parece, si comprobamos que no faltan antiabortistas partidarios de la pena de muerte y de las guerras de agresión reconvertidas hoy en “guerras preventivas”. En estos días, la candidata a la vicepresidencia de Estados Unidos, Sarah Palin, nos muestra, como un icono, semejante ideología luchando por imponerse. Y tales mentalidades suelen mostrarse bastante indiferentes para las condiciones inhumanas en que desarrolla su vida gran parte de la población que llena nuestro planeta, acosada por el hambre y la miseria. Como un estadounidense de raza negra –o afroamericano, según la terminología políticamente correcta– comentaba: cuando se encontraba como embrión en el vientre de su madre mucha gente se preocupaba por su vida, disuadiendo a su progenitora, acosada por múltiples problemas, de abortar, mas, en cuanto vio la luz, nadie volvió a inquietarse por las misérrimas condiciones en que se veía obligado a subsistir penosamente. Al fin y al cabo había perdido la privilegiada condición de embrión. Hace ya tiempo escribí un artículo sobre “el amor a los embriones”, como seres predilectos, que, curiosamente, parece caracterizar a la militancia antiabortista.

¿Porqué un embrión no es todavía un ser humano, aunque pueda estar en camino de serlo? Porque un ser humano no se reduce a mera corporalidad, no se queda en una estructura de células, tejidos y órganos, simple biología. Entender así al ser humano resulta propio de un materialismo craso, en que, al parecer, caen los antiabortistas. El ser humano es, ciertamente, un organismo viviente pero decisiva, radicalmente, es un animal cultural. Entendida la cultura en su más estricto sentido como el medio social en que hacemos nuestra vida, tal como la antropología cultural y física ha desarrollado este concepto, y, por mi parte, he formulado en mi libro El animal cultural-Biología y cultura en la realidad humana.

La cultura nos hace seres humanos por encima de nuestra anatomía y fisiología, peculiarmente orientadas hacia ella ,en nuestra especie. Sin el troquelado cultural, sin los cuidados, que el neonato requiere –un prematuro desvalido, pero llamado de un modo singular al desarrollo de sus potencialidades antropológicas, según el biólogo Portmann– no se adquiere la condición propiamente humana. Y la enculturación se inicia con el nacimiento. Con la existencia individualizada. No con la dormida, latente, existencia en el útero materno.

Para el Código Civil español no se adquiere la condición de persona hasta transcurridas 24 horas de vida después del parto. Para la escolástica clásica la persona era rationalis naturae individua substantia. Un sujeto “individualizado” de naturaleza racional. Indudablemente, un recién nacido no posee todavía razón y libertad, pero en el mundo al que se han abierto sus sentidos, inicia –bajo los cuidados maternos y del medio exterior que le rodea– el desarrollo de su humanidad. Los antiabortistas, frecuentemente tan cristianos, han parecido olvidar su misma tradición escolástica. Dentro de ella, Santo Tomás mantenía que la información del cuerpo por el alma no se producía en el momento de la concepción, sino cuando el embrión se encontraba en un estado avanzado de desarrollo.

Podría, con razón, pensarse que este debate básico sobre la falta de sentido que supone atribuir a los embriones la condición de seres humanos, de personas, es algo ya superado, cuando la mayoría de los países avanzados han ido legalizando y despenalizando –que es el objetivo más propio a conseguir– la práctica del aborto voluntario. Pero las viejas convicciones que ven la reproducción, la creación de la vida, como algo sagrado que debe escapar de cualquier intervención que lo controle por parte de las profanas manos humanas, unidas al patriarcal recelo contra la mujer, deben ser ahuyentadas si queremos avanzar en el camino de una sociedad racional.

COMENTARIOS EN: blogs.publico.es/dominiopublico/

Comentario por duralex — 19/09/2008

Qué yo sepa en España no hay una ley de aborto, sino una modificación del codigo penal que despenaliza el aborto en ciertos supuestos.

Comentario por Alex Gómez — 19/09/2008

Definir un ser humano es una tarea compleja, en que punto la vida orgánica, necesaria para la naturaleza, comienza la existencia de un ser humano.
Hace un tiempo, un grupo de seres humanos no eran considerados como tales, como en el caso de los salvajes americanos, esto se debía principalmente porque no estaban conversos, aún hoy, algunos grupos radicales no consideran a otros, dándole cualquier calificativo que justifique su exterminio.

La cultura no hace los seres humanos, si fuera así, el primero en no serlo es el que escritor del articulo ya que muestra una gran falta de cultura y por lo tanto muy alejado de ser un ser humano, el segundo seria yo.
Pero como no creo que la cultura defina a un ser humano, por ahora usted y yo estamos seguros.

Comentario por Fao — 19/09/2008

Señor Paris, su razonamiento justifica el infanticidio al carecer los bebés recién nacidos de las peculiaridades culturales de las que usted habla. ¿podría especificar, por favor, hasta que edad se justificaría entonces la mtanza de niños?

Gracias

pd. Hay muchos padres que al ver malformaciones en los fetos (desde labios leporinos hasta falta de un dedo) deciden abortar. ¿No considera esto monstruoso? Adolf Hitler hubiera aplaudido con rabiar estas soluciones eugenésicas.

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