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CARLOS PARÍS CATEDRÁTICO EMÉRITO DE FILOSOFÍA DE LA UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE MADRID

«La Transición frustró un proyecto revolucionario en el que habría un socialismo más auténtico y una España independiente en el plano internacional», dice el filósofo

El cigarro se le consume mientras este «autodidacta» hace acopio de sus recuerdos. Unos recuerdos que ha reunido en el libro ‘Memorias sobre medio siglo’, el primer volumen de la biografía de Carlos París en el que plasma la evolución de la sociedad española de la dictadura hasta la Transición y que presentó ayer en el Ateneo Jovellanos.

-¿Cuándo decide escribir sus memorias?

-Surgió hace mucho tiempo, cuando en la Universidad Autónoma de Madrid mis colaboradores me preguntaban cosas de aquel tiempo. Esa fue la primera idea, muy remota. Después de haber tomado algunas notas me decidí a escribirlas. En el libro hay tres niveles de memorias: la crónica social de aquellos años, mi trayectoria personal y el plano de la intimidad.

-¿Le ha resultado difícil rescatar todos estos recuerdos?

-La verdad es que no, porque estos recuerdos han sido objeto de comentarios y de reflexiones.

-Usted era de una familia con tendencias falangistas, pero pronto se convirtió en militante comunista.

-Surge en parte por el enfrentamiento con el régimen, porque dentro de la vida universitaria mantuve una relación con personas de izquierdas contrarias al régimen. Luego está la formación intelectual, ya que empecé a leer muy pronto a Marx.

Conformismo

-¿Cómo se mantiene la integridad ideológica ante esta evolución?

-De derechas no he sido nunca, porque entonces en lo que creía era en la revolución nacional-sindicalista, hasta que descubrí que no tenía sentido hacer una revolución al margen del proletariado. Esta experiencia también la han vivido otros intelectuales, como Günter Grass en Alemania. Y quizá al haber vivido aquella etapa y conocido esa mentalidad se puede comprender mejor.

-A menudo se echa mano de la Transición. ¿Sigue vigente ese espíritu?

-En el libro desarrollo una postura muy crítica respecto a la Transición, porque pienso que en esa época había tres Españas: una franquista, otra democrática y otra que quería una transformación mucho más profunda, en la que habría un socialismo auténtico y una España internacionalmente independiente. Este era el proyecto revolucionario y que la Transición frustró.

-¿Qué progresos faltan en la sociedad actual?

-Es indudable que hay más libertad, pero noto una importante caída de valores creativos y creo que estamos en una época en la que la gente no reacciona ante los problemas. Percibo un conformismo y al mismo tiempo un vaciado de creatividad que lastra nuestra sociedad.

-¿Cómo definiría a los políticos de hoy en día?

-Es una generación que claudica ante todo lo que representa la posibilidad de tener puestos importante en vez de ver la política como una lucha para transformar la sociedad.

-¿Qué labor puede desempeñar la filosofía en un mundo esencialmente técnico?

-La técnica puede ser enfocada de manera muy distinta: hay una técnica que sirve a la liberación humana o una técnica que esté al servicio de la dominación, que es la que tenemos con el armamento y el control de las conciencias.

-¿Qué puede suponer el proceso de Bolonia a la universidad?

-No lo conozco muy bien, pero por lo que he oído es muy decepcionante. Es una visión puramente comercial de la universidad: los estudiantes son considerados como clientes, tiene una visión pragmática… No es la Universidad como centro de reflexión crítica.

-El panorama que dibuja no es muy alentador en ningún sentido.

-Desde luego el momento que estamos viviendo es muy negativo, aunque no deja de haber actitudes de protesta, como lo que está ocurriendo en Iberoamérica.

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