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CARLOS PARÍS

Ed. Público el 15 de Abril de 2009

No deja de resultar curiosa y sorprendente la atención obsesiva que la jerarquía católica otorga a la sexualidad y la reproducción humanas dentro de la moral. Una acumulación de hechos pone al vivo y renueva esta ancestral actitud. Es la imagen de Benedicto XVI combatiendo el uso del preservativo en África, un continente azotado por el sida. La incitación a las cofradías de Semana Santa, al parecer sin excesivo éxito, para que se manifestaran contra el proyecto de ley sobre la interrupción voluntaria del embarazo. Son las barreras levantadas contra la experimentación y utilización de embriones, prácticas capaces de remediar enfermedades. Y las campañas provocativas, en las que se presenta a los fetos abortados como niños bárbaramente trucidados. O las insistentes convocatorias para manifestarse contra el matrimonio homosexual, en nombre de la familia tradicional que, tan frágil al parecer como el Licenciado Vidriera, está a punto de quebrarse.

Tal empecinada campaña contra realidades que abren espacios de libertad y progreso contrasta con el silencio –sólo alterado por algunas piadosas declaraciones– ante la injusticia en la distribución del poder y la riqueza entre los pueblos y las clases sociales. A la par que los movimientos que, dentro del mismo catolicismo, tratan de luchar contra esta injusticia, como la teología de la liberación y los movimientos de cristianos de base, son considerados con rechazo y condenación. Mirando hacia nuestro pasado podríamos recordar la bendición de una sublevación contra el Gobierno legítimo de la II República, bautizada por los obispos, nada menos que como “cruzada”.
Es un contraste que nadie ha expresado mejor que el católico Julián Marías, cuando afirmaba que el mayor crimen del siglo XX –el siglo ensangrentado por dos guerras mundiales, el Holocausto, el lanzamiento de la bomba atómica sobre Hiroshima y Nagasaki– había sido, precisamente, la legalización del aborto. Y, refiriéndome ahora a mi experiencia personal, puedo alegar que, si mis artículos de prensa han sido, naturalmente, objeto tanto de alabanzas como de críticas, cuando he tocado el tema del aborto las discrepancias se han convertido en enfurecidos insultos.

Ante esta situación no cabe sino preguntarse: ¿a qué se debe esta obsesión por el sexo? ¿En qué motivaciones se asienta? Brevemente apuntemos algunas. La función reproductiva sirve a la continuidad de la especie, pero, al mismo tiempo, está determinada por una fuerte pulsión que desborda tal objetivo y se hace independiente de él, buscando realizaciones amorosas o placenteras, desvinculadas de la procreación. Cuando en la mentalidad bíblica aquello que absorbentemente se impone es la continuidad y crecimiento del “pueblo elegido”, cualquier desviación sexual de la función reproductiva será anatematizada como altamente peligrosa. Y así la moral bíblica encierra la sexualidad en el ámbito de la familia, dirigida por el patriarca. Además, el cristianismo, bajo la influencia de órficos y pitagóricos –subrayada por el ilustre helenista Werner Jaeger, así como la del neoplatonismo–, añadirá la visión negativa del cuerpo y sus impulsos. Para los órficos, el cuerpo era una “prisión del espíritu”, para los cristianos, la carne es uno de los “enemigos del alma”. Y, consecuentemente, se exalta la virginidad, al par que la represión de nuestras pulsiones se acentúa, imponiendo dentro del catolicismo el celibato sacerdotal.

Con singulares efectos, increíbles desahogos. Amigos que siguieron estudios eclesiásticos me han relatado el morboso detalle con que los profesores se detenían en los “pecados carnales”. Y, así, en uno de los manuales latinos que estudiaban, se enumeraban detenidamente los animales con los que se realizaban los actos de bestialidad, aunque no se dejaba de apuntar que realizar tales actos con tigres era infrecuente, “rare cum tigribus”. Desahogos que ya no resultan nada divertidos cuando conducen a la pederastia.

Mas, a la preocupación por la reproducción, se añade el aura de milagro que tiene el nacimiento de un nuevo ser humano. Parecería un atributo propio del Creador que, si bien lo ha concedido a los humanos, ha de ajustar su práctica a los dictados de una naturaleza intocable. Cualquier intervención de la técnica humana que altere el proceso generador significa una profanación. Y el papel principal que juega la mujer es percibido con el temeroso recelo que el patriarcalismo, dominante en nuestra Historia, convierte a la mujer en una fuerza que hay que controlar.

Los vientos de la modernidad, empero, han ahuyentado arcaicos prejuicios. Hombres y mujeres, gracias a los impulsos de la Ilustración y el feminismo, se han liberado de la alienación y sufrimiento con que su corporalidad era sometida. Y la técnica, superando la mitología de una naturaleza intocable, ha abierto las posibilidades de una sexualidad realizadora de nuestras pulsiones, con independencia de su orientación procreadora. La nueva conciencia no renuncia a la ética, lo que exige es una sociedad presidida por la libertad, en la que ningún ser humano sea violentado ni por tabúes ni por el poder o el dinero que han dominado las relaciones eróticas bajo las declaraciones de la hipócrita moral tradicional. Nadie obliga a quienes, como católicos tradicionales, mantengan su obediencia a los dictados jerárquicos, negando el aborto y la sexualidad emancipada. Pero resulta intolerable que, ante tales avances, la jerarquía católica no sólo permanezca ciega para ellos, sino que trate de imponer sus prejuicios al Estado y a quienes somos ajenos al redil.

Carlos París es Filósofo y escritor.

COMENTARIOS EN:  publico.es

  • Comentario por GIORDANO BRUNO

La obsesión que la Iglesia Católica tiene por el sexo y por consiguiente por la procreación y al odio al placer sin esa procreación, está bien vista por Carlos Paris, pero olvida que sólo prohibe a sus curas casarse en el siglo XI siendo Papa Gregorio XI, Hildebrando de nombre, un monje, y lo hace por el odio a la mujer y el amor al dinero. Piensese lo que sucedía con las herencias de los curas casados a su muerte.En sus mujeres y sus hijos.Lo del odio a la mujer y su misoginia es de dominio común y además bíblico.Aunque no privativo de la cultura judeo-cristiana.
  • Comentario por MARIO, EL ESTA A FAVOR DEL ABORTO ESTA CONTRA EL MISMO

La nueva conciencia no renuncia a la ética, lo que exige es una sociedad presidida por la libertad, en la que ningún ser humano sea violentado ni por tabúes ni por el poder o el dinero que han dominado las relaciones eróticas bajo las declaraciones de la hipócrita moral tradicional.
LA LIBERTAD TERMINA DONDE EMPIEZA LA DEL OTRO Y NADIE LE HA PREGUNTADO AL FETO SI QUIERE MORIR O NO.
EL NIHILISMO INUNDA SUS PALABRAS LLENAS DE VACIO Y DESESPERACION.
EN TODOS LOS LADOS CUECEN HABAS Y SI LA RELIGION ES MALA ES QUE NO ES VERDADERA RELIGION.
ANDA QUE SI TODOS CUMPLIERAMOS LOS DIEZ MANDAMIENTOS…OTRO GALLO CANTARIA…
PARIS NO NIEGUES A DIOS QUE SE TE VE EL PLUMERO, MALANDRIN.
PD:EL ABORTO SE PRODUCE POR PRECISAMENTE ESA hipócrita moral tradicional DE MUJER SOLTERA Y CON HIJOS QUE NOS RECUERDA A LA EPOCA FRANQUISTA.

  • Comentario por MARIO, EL QUE ESTA A FAVOR DEL ABORTO ESTA CONTRA EL MISMO

    ….PERDON, RECTIFICAR ES DE SABIOS.

    MARIO, SABIO Y ESCRITOR.

  • Comentario por Precisión linguistica

En este artículo y en casi todos los que tratan sobre temas sexuales,se emplea con profusión la palabra ”PROCREACIÓN” y aunque el diccionario sólo dice: ”engrendrar, multiplicar una especie”, el término ”pro-crear”, tiene un marcado tinte religioso, que asocia el hecho e ”crear” que es exclusivamente divino, con el prefijo ”pro”, que convierte a la pareja humana en simples colaboradores de Dios para la ”creación de nuevos seres humanos”.
Sería deseable y más ajustado al hecho humano de la especie ”mamíferos” que swe describiera al hechode engendrar con sinónimos que eviten la inclusión de ”creación” que la Biblia atribuye exclusivamente a Dios.
A los humanos nos engendran nuestos padres, sin intervención divina de ninguna clase.
¿Queda claro?
  • Comentario por Entrambosmares

    Pues yo no creo q el tema vaya de reproducción de la especie; se trata más bien de relaciones humanas. Siempre se pone como ejemplo el de la tribu q te acoge en su casa y te cede a su mujer. O el de la poligamia. Situaciones q emparentan más al sexo con funciones de diplomacia y poder q con la reproducción. Y de eso va. Y la reproducción y la prole es una simple cortina de humo biologicista q se esgrime hoy en día, como decir q los hijos vienen con bífidus activo. Como el término suena, pero no se entiende en toda su magnitud, se utiliza.

    Por eso a Maquiavelo le resultó fácil escribir El Príncipe, porq hablaba de confrontación entre fuerzas iguales. No se le ocurrió pensar en meter la variable sexo de por medio…

  • Comentario por MARIO,Precision linguistica

    A los humanos nos engendran nuestos padres, sin intervención divina de ninguna clase.
    ¿Queda claro?

    ANDA PRECISION, SI NADIE PUEDE DEMOSTRAR CIENTIFICAMENTE SI DIOS EXISTE O NO.
    ES CUESTION DE CREENCIA.
    Y NO SOLO HA QUEDADO CLARO SINO DIAFANO.
    DEJANDO A UN LADO LA BROMA, LAS PERSONAS VERDADERAMENTE CREYENTES SON ESTABLES,PACIFICAS Y RENUNCIAN A LA VIOLENCIA.
    ANDA QUE SI TODOS CUMPLIERAMOS LOS DIEZ MANDAMIENTOS…
    Y UNA PREGUNTA¿ESAS LEYES DE DONDE SALEN?

    ¿DEL ADN?
    ¿DE LAS CELULAS?
    ¿NOS LAS GRABARON UNOS MARCIANOS?

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