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Carlos París
Surgieron, prescindiendo de antecedentes arqueológicos, como el Ateneo de Calígula en Roma,  en la Europa del siglo XIX como resultado de la Ilustración. Y a la luz de su espíritu, que veía en el desarrollo y extensión de la cultura la clave del progreso hacia una sociedad mejor. Se pretendía, a través de su actividad, no sólo  fomentar la ciencia, y  las artes, sino influir en la sociedad y la política.
Y, ciertamente, jugaron un importante papel en nuestra historia. Aunque se fueron extendiendo por todo el territorio español, y, junto a los Ateneos clásicos, surgieron Ateneos libertarios y obreros, podemos referirnos, con valor ilustrativo,  al Ateneo de Madrid y su dilatada vida, interrumpida en dos ocasiones por la represión reaccionaria. Siempre temerosa de la funesta manía de pensar. Fundado en 1820, fue cerrado en 1823, al imponerse el régimen absolutista, para ser reabierto en 1835., tomando su nombre actual de “Ateneo científico, literario y artístico”. También la dictadura franquista lo cerró, para convertirlo primeramente en un  “Aula de cultura”.dependiente de FET y de las JONS y, después,  aunque recuperado su nombre, gobernarlo desde la Dirección General de Propaganda.
A lo largo de su existencia el Ateneo madrileño ha gozado de un gran protagonismo en la vida cultural y política de nuestro país. Nada más significativo que recordar el nombre de algunas de las grandes figuras que lo presidieron. Como Ramón Menéndez Pidal, Gregorio Marañón. Manuel Azaña, Ramón del Valle Inclán, o Unamuno. Se puede afirmar que el Ateneo influyó poderosamente en la implantación de la II República en España, tradición republicana que sigue viva.

Pero, a la vista de los grandes cambios experimentados por nuestra sociedad, cabe preguntarse: ¿Cuál puede ser la función de instituciones y corporaciones como los Ateneos en el mundo actual? ¿ No se han convertido en reliquias de pasados tiempos?. Las nuevas tecnologías han abierto posibilidades, antes impensadas, a la información y la comunicación. Una vez lograda la democracia, los grandes debates parlamentarios y multiplicidad de mesas redondas nos son servidos a domicilio a través de la TV. Escuchamos a tertulianos en las diversas emisoras de radio. Las universidades se han multiplicado y han crecido en número de estudiantes. Si se trataba de desarrollar y extender la cultura los objetivos han sido cumplidos y, consecuentemente, loa Ateneos pueden ser enterrados con un bello discurso póstumo.

Y, sin embargo, en medio de este ambiente, resultan los Ateneos más necesarios que nunca. Observemos críticamente la anterior descripción. En verdad, bajo el manto de las grandes realizaciones, que, sin duda, los avances tecnológicos representan se nos revela un mundo hermético para la iniciativa del individuo y los grupos sociales. La que Hegel designaba como “sociedad civil” se encuentra aplastada. Estamos sumergidos en una sociedad dirigida por los grandes poderes políticos y sobre todo económicos. Los cuales, no sólo imponen su fuerza, sino que troquelan las conciencias.  El “pensamiento único” no ha desaparecido con la derrota de los “neocons”, sigue poderoso y aún más falaz.

Por una parte, la “industria cultural”, ya denunciada en  la Escuela de Frankfurt, por Horkheimer y Adorno, cuando todavía no era sino un pálido anticipo de su fuerza actual, gobierna el mundo de la creación. Y nos ofrece, con el mayor éxito, a compradores domesticados la escapatoria de la realidad hacia  mundos mistéricos e irracionales, los templarios, las viejas catedrales, el santo grial. La crítica imparcial, solo refugiada quizá en “La fiera literaria”, ha desaparecido y la existente lanza al limbo de la nada cualquier creación que se  escape a su despotismo. Por otra parte,  los Partidos políticos, no todos, sino aquellos que gozan de capacidad  para alcanzar el poder. en las circunstancias actuales, no son sino agentes o gestores- comisarios políticos, según el término que complace a Saramago- del gran capital. Y controlan de tal modo la información que , sin mas que posar la vista sobre la mayoría de los diarios,  adivinamos lo que nos van a contar sobre cualquier acontecimiento reciente. Como escribió ingeniosamente el tristemente  desaparecido Javier Ortiz,  “el periodismo se ha convertido en una ciencia exacta”.. Vivimos en una sociedad tan pobre de ideas como falsamente democrática y que, por añadidura, se ha precipitado en la crisis.

Bajo el reinado de esta pobreza mental se ha inventado, en los EEUU, una institución apéndice del Partido, un “think- tank”, es decir una cuba de fermentación de ideas o, más bien, un tanque para aplastar al adversario.  Pretenciosa  innovación que se ha  extendido a nuestro país con el nombre  de fundaciones, como es el caso de la FAES. Semejante  creación ¿no representa la confesión de la penuria del Partido político que la alumbra?. ¿ No debe ser el propio Partido quien, con sus militantes y dirigentes,  piense y elabore su doctrina y estrategia?  .
Pero, para ello es imprescindible que la vida política comunique  con  una sociedad viva y creativa.  A la vista de este panorama, se hace patente la necesidad de tribunas y de tertulias abiertas en que la sociedad civil, en espacios de directo contacto humano, pueda aportar ideas propias independientes, no domesticadas por las estructuras de poder e interés. El enriquecimiento de ideas y de cultura innovadora que supusieron los Ateneos, debe recuperarse en la crítica y superación del hermetismo actual.

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