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Intervención en “Homenaje a Lidia Falcón: Una celebración de su vida y obra” Leída el 14 de diciembre de 2010

Empezaré afirmando, que la obra de Lidia Falcón como escritora es, medularmente, la obra de una pensadora. Y que el nervio de toda su extensa y rica producción está constituido por  su pensamiento original. En verdad, aparece  tan amplia esta obra, así como la  actividad desempeñada por su autora en diversos campos,  principalmente como abogada y como política,  que Ignasi Riera, en la presentación de un libro de Lidia, pudo afirmar, con evidente gracia que según él había creído con el nombre de Lidia Falcón no se designaba a una persona singular, sino a un colectivo. Y, la trepidante vida de esta autora,  junto a los aspectos más llamativos de su tan abundante y esplendorosa producción escrita, se han mostrado de tal modo relevantes que han podido relegar a otros. Tal ocurre cuando, reduciéndose a su espectacular actividad,  Lidia es vista solamente como una activista, como la “incombustible” Lidia Falcón, de tal modo que, aunque se le emplace en  muy primer plano dentro  del movimiento feminista, se deja  en la sombra el valor de su creación como escritora.  Ciertamente, en este homenaje se está comentando  por ilustres especialistas su  amplísima producción literaria, en novela, teatro, poesía haciendo justicia a la altura de su creación en tales terrenos. Pero yo añadiría que el elemento vertebrador de toda esta dilatada obra es el  pensamiento original. En cuyo análisis debemos entrar.

Ciertamente este pensamiento no se puede separar de la experiencia vital  de Lidia Falcón. En el análisis de la obra de un pensador considero importante determinar la que, según terminología introducida por el profesor Montero Moliner en nuestro seminario de `profesores de la Universidad de Valencia, podemos designar como “situación originaria” . El núcleo de tensiones de que arranca una obra y le confiere orientación y esfuerzo conceptual peculiar,  las insatisfacciones y urgencias que ponen en marcha  la obra de cada pensador. Y más allá de su carácter de punto de partida confieren a toda la obra su  arquitectónica singular.

Y ,en el caso de nuestra pensadora, dicha situación originaria es muy clara. Son sus tremendas, desgarradoras, experiencias vividas bajo la dictadura franquista y que arrancan de su infancia, relatada en este conmovedor libro que se titula Los hijos de los vencidos, para prolongarse  y agudizarse, después  a lo largo de toda la existencia de la autora. Además, dicha infancia es vivida en un ambiente muy singular, en una familia formada exclusivamente por mujeres, tras el exilio o muerte  de los hombres, ejecutados por los sublevados contra la República. Mujeres de tradición comprometida con la izquierda revolucionaria y dotadas de gran talla humana e intelectual, escritoras y activistas. El pensamiento de Lidia Falcón brota de esta rebelión contra la opresión y la injusticia, no sólo del régimen dictatorial, sino del sistema capitalista,  vivida especial e intensamente desde la situación del sexo históricamente oprimido por el patriarcalismo. Y en coherencia con estos supuestos se situaría dentro de lo que académicamente se designa como “filosofía política”.  En ella Lidia se ha esforzado por dar una base conceptual, sólidamente elaborada,  al movimiento feminista. Y en la perspectiva abierta por Lidia se revela el movimiento feminista estructurado por  dos grandes aspectos complementarios, por una parte como un movimiento englobante y, por otra, como un movimiento dotado de especificidad propia.

El carácter que he formulado con el término de  “englobante” significa que el feminismo no debe reducirse, en  la concepción de nuestra pensadora, a la lucha y reivindicación de la emancipación de las mujeres, tal como muchas veces es entendido, sino que debe  asumir  el combate contra todas las formas históricas de dominación y emplazarse en la marcha hacia la creación de  una sociedad liberada de las actuales relaciones de dominio y  explotación. En  este sentido el feminismo incorpora la contienda del proletariado contra la explotación capitalista, la de los pueblos, razas y etnias sometidas por el imperialismo e integra todos estos movimientos de combate en la liberación de la mujer. Representa, realmente, la revolución más radical, pues afecta a los aspectos más profundos, íntimos de la condición humana,  grabados por   las prácticas y los valores históricos con que el patriarcado ha grabado las sociedades históricas, No en balde Marx afirmaba que la relación entre hombre y mujer constituye el elemento más caracterizador de una cultura

Y en conformidad con esta englobante amplitud de planteamientos, a la lucha del proletariado ha dedicado Lidia un importante libro, de título provocativo Trabajadores del Mundo: rendíos. En el exponía la autora, ya en 1996, antes de la actual crisis, algunos de  cuyos aspectos se anticipan, la degradada situación en que el capitalismo, después de la década de los ochenta, esta sepultando las conquistas históricas de los trabajadores y originando una sociedad inhumana. Y señala como un desarrollo técnico guiado por sus intereses de lucro y de dominio está escenificando  una sociedad en que la viva presencia humana se diluye, hasta evaporarse. Al respecto resultan no sólo esclarecedoras sino divertidas sus descripciones  de experiencias vivas en que la máquina, eliminadora tanto de puestos de trabajo, como de la rica comunicación humana reina soberana en un paisaje desolado, cual ocurre en algunos hoteles de carretera digitalizados. (1)

La lucha contra este capitalismo, hoy más prepotente que nunca, la ha conocido al vivo Lidia en su participación en los Partidos Comunistas en que ha militado en las peligrosas condiciones de la clandestinidad, y ha podido observar y denunciar el olvido en el que la problemática concerniente a la liberación de la mujer se encontraba dentro de ellos. La perpetuación de comportamientos machistas en valiosos y valerosos combatientes, cuya ética descendía, cuando las relaciones con las mujeres tenían lugar. Y denuncia el difundido esquema de acuerdo al cual el feminismo constituía  un “movimiento burgués” . Esta crítica se encuentra desarrollada en múltiples lugares, así en los escritos autobiográficos y  Memorias,  pero muy explícita y detalladamente en Mujer y Poder Político (2) . La obra que fue presentada en la Universidad Autónoma de Madrid como tesis doctoral y tuve el honor de dirigir.

Así en toda la III Parte titulada La incapacidad del socialismo frente al feminismo. Parte en ella de las positivas afirmaciones de Lenin (3) y de Togliatti  sobre la importancia de la participación de la mujer en la construcción del socialismo y la necesidad de desarrollar organizaciones de mujeres., criticando “el desprecio con que se trata la cuestión femenina en el seno del Partido”.  En este sentido Togliatti anticipa  la política de cuotas y la importancia de una organización de las mujeres abierta incluso a las católicas e independiente del Partido (4) .  Pero, tras recordar estas valiosas afirmaciones iniciales, Lidia señala las deficiencias que, de hecho, se producirán en la construcción del socialismo en la Unión Soviética y los limitados resultados de la política de Togliatti, en contraste con el auge, a partir de los sesenta de un movimiento que pasa de la llamada  “cuestión femenina” al “feminismo” propiamente dicho. En el se cuestionan radicalmente los papeles que desde todos los Partidos y todas las religiones se han encomendado a las mujeres como “guardadoras de la familia, y cuidadoras de los niños abandonados y defensoras de los valores morales de la honestidad ” (5)

Y, asimismo,  se critica la idea de la “constitución femenina que las impulsa (a las mujeres) incoerciblemente hacia las tareas que su especialidad reproductora considera imprescindibles” contrarrestando los impulsos depredadores masculinos” Es decir contra la “mística de la feminidad” lanzada desde la mentalidad patriarcal.

Las críticas a la insensibilidad hacia las reivindicaciones y luchas de las mujeres en la izquierda histórica se hace especialmente intensa en relación con el Partido Comunista de España. Como mostraría elocuentemente la reacción del Secretario General Santiago  Carrillo, cuando, según relata Lidia en una reunión con periodistas españoles y militantes realizada en París a mediados de los sesenta, después de escuchar un informe presentado por Carmen Alcalde y Genoveva Forest sobre las movilizaciones realizadas por las mujeres  y sus reivindicaciones propias,  Carrillo, dirigiéndose a los representantes de la prensa se permitió decir: “Bien, vamos ahora a cosas importantes, ¿Cómo van las movilizaciones en España?” (6) No es un resbalón accidental y desafortunado  el análisis que Falcón realiza de la participación de las mujeres en las reivindicaciones generales, asi como la atención a las obreras se resiente de una valoración  como meros agentes secundarios,  en la cual se destaca su papel más tradicional, el de compañeras y ayudantes solidarias, relegando su propio e independiente protagonismo.

Ciertamente el PCE ha tenido como Presidenta una mujer luchadora de gran empuje y temple admirable, Dolores Ibarruri la Pasionaria. Pero Lidia independientemente del carácter puramente honorífico y simbólico a que este puesto de Presidencia se halla sometido en los Partidos Comunistas, a través de muy gráficas páginas, detalla la curiosa iconografía a que la  figura de Dolores ha sido sometida. En la cual, por ejemplo,  se convierte su verbo vibrante y enardecedor en “voz de madre amante que  arrulla a su  pequeño”,tal como escribió Irene Falcón. ( 7)

A las críticas pues que Lidia Falcón ha dedicado a la derechización del Partido bajo la dirección de Santiago Carrillo y que le llevaron a buscar encaje en el Partido dirigido por Lister. sufriendo una nueva decepción se añade esta que en el actual contexto nos interesa muy decisivamente la falta de incorporación del feminismo en la ideología programática y en la práctica del PCE

La consecuencia que de semejantes experiencias se desprende es la necesidad de crear Partidos Feministas independientes. Tal como Lidia Falcón ha llevado a la práctica, creando el Partido Feminista de España y, posteriormente, la Confederación de Partidos Feministas. Realización que, por otra parte se muestra consonante con la entidad propia del movimiento feminista, unida y armonizada con su carácter englobante,  según el planteamiento de  nuestra autora. Y tal  como ha desarrollado amplia y rigurosamente en su obra, especialmente en La razón feminista (8)

La concepción de Lidia parte de la consideración de las mujeres como una clase. Afirmación que suscitó una agria repulsa en posiciones que se consideraban marxistas, pero realmente adolecen de una comprensión rígida y literalista del pensamiento de Marx. Por mi parte, pienso que la teoría de la estructura de clases sociales, sus conflictos y luchas representa una cuadrícula que puede y debe ser aplicada y utilizada amplia y flexiblemente. Desplegada  con arreglo a las distintas formaciones económico sociales, o formaciones culturales según la terminología que he introducido,  y los diversos aspectos que estas presentan. En tal línea, yo también había indicado la posibilidad de considerar al conjunto de las mujeres como una clase social, dentro de una filosofía de la reproducción (9) o, si atendemos a la organización del saber en una formación, podríamos señalar al existencia de una clase epistémica. Ello no supone rechazar el esquema de Marx ajustado, por él, al capiatalismo en la forma que en su tiempo reviste, sino darle un más amplio juego en una filosofía de la reproducción.

La atribución a las mujeres de  la condición de clase se basa en su explotación y discriminación por parte de los varones como clase dominante. Se concreta en la exclusión o relegación de las mujeres, por el simple hecho de serlo, en la vida pública. En su consideración como objeto de placer para el varón, reprimiendo  la sexualidad femenina, realidad que culmina en el criminal trafico de mujeres y la degradante prostitución. En la afirmación largamente extendida de la inferioridad de la mujer. En la violencia y la extracción de plusvalía a través del trabajo doméstico, del cuidado de hijos, de  padres ancianos y de miembros necesitados de asistencia y en la atribución de un salario inferior en las actividades laborales. En este sentido se descubre la plusvalía oculta, ajena a la economía oficial,  que representa el sostenimiento de la sociedad mediante el trabajo de la mujer.

Pero, a esta sucinta y sintética visión del pensamiento  de Lidia Falcón a través de  algunas de sus obras principales, aún habría que añadir el tratamiento de problemas muy concretos realizada en artículos de prensa, en colaboraciones de revistas, en congresos o en folletos.  En tal orden es de  destacas que la primera voz que se alzó para denunciar la violencia contra la mujer fue la de nuestra autora en Vindicación Feminista, empeño que ha proseguido y ha actualizado en su crítica a las insuficiencias de la Ley sobre la Violencia de Género. Y se ha extendido a temas de ardiente actualidad, en críticas a la situación política actual y la transición

Pero, como, al principio decía, el pensamiento de Lidia Falcón no solo se manifiesta en sus ensayos, ha vertebrado y  animado toda su producción literaria. Aparece, así.  en la línea de los filósofos que han sido  autores de novelas y relatos como Voltaire, ya en  la Ilustración, o Unamuno y Sartre en el siglo XX. Y, en tales casos, el pensamiento, como  ocurre en Lidia, tona vida carnal y nos conmueve o divierte, saltando de la frialdad del puro pensar al rico y vibrante escenario del acontecer.

La obra intelectual de Lidia Falcón constituye una construcción rigurosa, que representa una aportación original a la Filosofía Política, pero no debe ser considerada en términos de su valor especulativo, académico,  solamente , ante todo es una incitación y un llamamiento para la lucha por crear una sociedad en que hombres y mujeres de todos los pueblos y razas solidariamente unidos forjen el mundo liberado de injusticias y privilegios  de clase. en que se realicen las más altas posibilidades humanas.

Notas
(1) “Trabajadores del mundo, ¡ rendíos!”,  Ed. Akal. Madrid, 1996. V. Especialmente pp. 96 y ss.
(2) V. “Mujer y poder político- Fundamentos de la crisis de objetivos e ideología del Movimiento Feminista” Ed. Vindicación Feminista, Madrid,1992
(3) Ibid. p 170
(4) Ibid. 173-176
(5) Ibib.179
(6) Ibid 179, 180)
(7) Ibid 201    ^
(8) “La razón feminista” Ed Fontanella, Barcelona, I Tomo 1981, II Tomo 1982
(9) Sobre la mujer como clase: Carlos París, “La lucha de clases” Ed, Mañana, Madrid, 1977 y Ed Grijalbo, México 1978 Sobre la “clase epistémica”:  “El animal cultural- Biología y cultura en la realidad humana” Ed. Crítica, Barcelona, 1994
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