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Carlos Paris14 de Octubre de 2010

D. Pedro López Arriba: en lo que, sin duda, es uno de los actos trascendentales de la vida de esta Casa, cual es la conferencia inaugural  del curso académico, en este caso del 2010-2011, y que, como también es habitual en la Casa, la da el Presidente, versará en esta ocasión su discurso  sobre el tema: Las técnicas de comunicación y el troquelado de la conciencia humana. Con ustedes el Presidente del Ateneo D. Carlos París.

D. Carlos París: Muchas gracias por este cordial saludo y muy buenas tardes.

Amigas socias y amigos socios del Ateneo, señoras y señores como acaba de indicar el Sr. López Arriba vamos a iniciar un nuevo curso en esta Casa y éste va a ser un curso especialmente importante, particularmente significativo, ya que en él conmemoramos los 175º años  de la fundación de ésta institución que a todos nos reúne, en la que tenemos puestos tantos deseos y esperanzas y que contemplamos, también, con orgullo cuando miramos hacia nuestra historia. Como acaba de ser anunciado el tema que he escogido para esta noche se refiere a las técnicas o métodos de comunicación y el troquelado de la conciencia humana. Querría en este sentido, proponer aquí una serie de reflexiones, algunas afirmaciones mías que puedan ser punto de partida para  una meditación de todos ante un tema ciertamente amplio, mas también muy importante para la comprensión y avance social de nuestra historia.

Como punto de partida, subrayaría la radicalidad  de la comunicación en el ser humano. Cuando hablamos de comunicación, en efecto, muchas veces pensamos sólo en las múltiples y avanzadas técnicas que rodean la comunicación humana en el mundo actual. Pero la comunicación es un fenómeno mucho más radical. Podemos afirmar que, gracias a la comunicación, nos hacemos seres humanos y el desarrollo de tal tesis podríamos abrirlo  y apoyarlo con algunas consideraciones de carácter biológico, que se refieren a la peculiaridad del nacimiento en nuestra especie. Dijo el antropólogo Ashley Montagu que el ser humano, era un mono nacido antes de tiempo y esta sugerencia  alcanzó un desarrollo muy completo en toda la obra de Portmann, de éste gran biólogo suizo que definió al ser humano, al estudiar los animales nidícolas y nidífugas, como un “prematuro”, como un nidífuga desvalido, como un ser que reunía características de ambos tipos.

En efecto, el ser humano nace en un estado de desvalimiento profundo, pero, al mismo tiempo, dotado de una gran capacidad de comunicación. En este sentido, es, gracias  a la comunicación humana, que le transmite la cultura, como el recién nacido, madura y conquista su condición estrictamente humana. No se trata de la mera supervivencia física de este ser desvalido, sino, con mayor complejidad, de su asunción de las características propias del desarrollo humano.

Se han hecho estudios en ocasiones sobre los niños abandonados en plena naturaleza, los llamados “niños lobos”. Un recién nacido abandonado, un “expósito”, utilizando este expresivo término, si no es acogido por un adulto humano, si no encuentra unos brazos que lo recojan y se ha hagan cargo de él, como es el caso de los expósitos históricos o legendarios, cual Moisés, no llegaría, como en la leyenda de la fundación de Roma por Rómulo y Remo, a crear un imperio, no llegaría  siquiera a conquistar su propia humanidad.

Porque esta humanidad se desarrolla, precisamente, en los cuidados parentales, especialmente maternos, madura en el interior de aquello que se ha llamado por Mitscherlich  el “útero social”, y yo prefiero designar como “útero cultural”. La biología conduce al ser humano irremisiblemente, hacia la cultura, como su complemento. Ciertamente esta apertura hacia la cultura como prótesis de lo biológico, se da ya en la misma vida animal, como han mostrado los etólogos. Pero alcanza un desarrollo inédito, absolutamente superior, en el salto cualitativo que su pone la aparición de nuestra especie. Somos, por ello, un animal cultural con unas características biológicas que nos llevan precisamente a recrear nuestro ser, nuestras posibilidades dentro de la cultura.

Y el proceso de enculturalización se inicia a partir del nacimiento. Así se ha estudiado esta díada que es la de “madre-hijo”, más precisamente, la de “madre-recién nacido”.  Sin el cuidado, sin la dedicación de los progenitores, se pude afirmar que el neonato “de nuestra especie no alcanzaría su plenitud humana, incluso en el caso hipotético, de que siendo adecuadamente nutrido pudiera sobrevivir físicamente.

Y en este proceso a la necesaria y adecuada alimentación y a las atenciones físicas más elementales, se une  la acción  que representa la comunicación afectiva, la sonrisa, las caricias, las palabras cariñosas y las canciones que, aun sin entender su significado, puede escuchar el recién nacido como elementos decisivos  para su completa hominización. Pero, además, la manera tan diversa, tan variada, de llevar a cabo estas atenciones determina hábitos que marcarán la futura madurez. Es algo que figuras como las de Erikson, antropólogo y psicólogo, también han estudiado detenidamente. Las modalidades, tan  distintas, de cuidar al recién nacido, según las normas habituales de cada cultura, por ejemplo, entre otras prácticas, las que se dan en la  elección y  distribución de los momentos oportunos para alimentarlo, así como  el modo de fajarlo, vestirlo y abrigarlo o de dar respuesta sus llantos, pueden troquelar rasgos de carácter y de conducta  que  tenderán a extenderse a lo largo de toda la  existencia del sujeto.

He hablado del papel esencial de la comunicación en la iniciación de la  vida, sin embargo, ésta influencia de la sociedad, ésta penetración del entorno social en la intimidad del ser humano, no se queda en el primer año de existencia, en el desarrollo dentro de lo que he llamado el útero cultural, sino que se prolonga toda la vida. Nacemos, en efecto, con un cerebro que no es sino la quinta parte de la que tiene el cerebro adulto.  Viene, ciertamente, al mundo el recién nacido, equipado con el número máximo de neuronas de que dispondrá durante toda su existencia. A lo largo de ella   no haremos sino perder neuronas, no aumentaremos este equipo inicial; sin embargo, el desarrollo de los axones, de las dendritas, de las fibras de mielina, la creación de la sinapsis, tales procesos van haciendo que el cerebro se desarrolle hasta llegar a los quince años de edad. Incluso, investigaciones realizadas en tiempos recientes han mostrado una plasticidad prolongada del cerebro tras esta etapa juvenil, en plena madurez, Y semejantes procesos se cumplen bajo la influencia de las prácticas del sujeto y de su  entorno humano. De manera que también nuestro mismo cerebro es un  producto social, una criatura de la comunicación con nuestros semejantes.

Y me parece importante insistir en la significación de estos hechos, en éste carácter decisivo que tiene la comunicación corporal y verbal, porque, como, al principio, apuntaba, cuando hablamos de comunicación, pensamos en toda la  tecnología que nos rodea y nos olvidamos de la importancia que ésta primaria comunicación corporal tiene. Y no solamente en el nacimiento, no únicamente  en la maduración radical de las primeras etapas de la vida, sino  todo a lo largo de esta, en que constantemente  nos comunicamos,  a través del lenguaje hablado y de la presencia física, del intercambio de miradas, de la atención a los gestos.

Al respecto, recordaría  un libro, muy ilustrativo sobre el lenguaje corporal, cuyo autor Desmod Morris es especialmente conocido  por otra a obra, muy difundida, que es El mono desnudo, e insistiría en  el detalle con que el autor analiza inteligentemente los recursos de las actitudes corporales y su ritualización.  También pienso en la obra de Foucault,  “Surveiller et punir” y en su  desarrollo de los “cuerpos dóciles”. Son realidades que no sólo conocen y estudian psicólogos,  sociólogos y filósofos, y se esfuerzan por asimilar actores y actrices en sus representaciones también los comentaristas de las apariciones de un personaje público tratan de adivinar aquello que se revela a través de los más mínimos gestos corporales. Y los asesores vierten sus consejos sobre la apariencia con que tales  personas deben mostrarse en sus comparecencias y el modo en que les conviene actuar.

Pero, naturalmente, a la comunicación corporal se sobrepone el lenguaje, la gran conquista que es el lenguaje y que se va desarrollando a lo largo  de la evolución biológica, a través de  formas y recursos muy diversos, desde la danza de las abejas hasta llegar al lenguaje humano. Un lenguaje verbal de doble articulación, cuya riqueza nos permite  desarrollar un pensamiento abstracto, y comunicarlo, discutirlo y dialogar, alta y muy dignamente  en lugares como éste, como ésta “Docta Casa” que debe ser centro precisamente de diálogo, de debate y de apertura a toda clase de opiniones.

Se crea, así,   lo que podemos llamar la “logosfera”, en que el ser humano vive inmerso. Y que por mi parte he introducido, completando el más difundido y, también reiterado en mis escritos, término de “tecnosfera”. Con este último designamos la realidad que la acción técnica crea y sobrepone a la biosfera. Y que se inicia con la modificación del medio en la misma técnica animal, pero alcanza impresionantes dimensiones con la poderosa técnica humana. Cuyo desarrollo, hoy día, se ha hecho inquietante.  Uno de los grandes problemas de nuestro tiempo, en efecto, viene dado por la manera en que esta tecnosfera, dirigida, ciegamente, por los intereses puramente económicos del capitalismo y por la voluntad de dominio clasista e imperialista está deteriorando la biosfera hasta el punto de poner en riesgo el futuro de la humanidad y de la riqueza vital del planeta.

Pero, además, de ésta tecnosfera, tan llamativa y visible, debemos hablar, como otro entorno humano, de una “logosfera”.  Es el mundo de los lenguajes, en que, sumergidos, vivimos.  Un mundo, que ya hemos visto cómo se iniciaba en la existencia del recién nacido, cómo se iba desarrollando a lo largo de la adolescencia y en la posterior madurez, es una  atmósfera que nos rodea en todo momento y que está constituida por  el universo del lenguaje.

Ahora bien, la lengua hablada, es, junto a la presencia corporal, un medio de comunicación decisivo, enriquecedor, pero que está afectado por unos límites precisos. Requiere la proximidad  en el espacio y la simultaneidad en el tiempo de aquellos que se comunican, y el ser humano, sin embargo, aspira a ir más allá del horizonte físicamente inmediato de su vida. El ser humano imagina paisajes distantes y mira hacia el futuro y el pasado. El espacio y el tiempo son como una prisión sobre el ser humano. Al respecto decía Unamuno que “el espacio y el tiempo”, a los cuales añadía “la lógica”, “son nuestros tres grandes tiranos”.  El ser humano aspira a una dilatación y este es, justamente, uno de los temas, en que dentro de estas reflexiones, me parece oportuno recordar a Unamuno.  Al gran pensador- y bilbaíno como yo-  que fue Presidente de esta Casa, y sobre quien tendré ocasión de hablar en las Conmemoraciones del 175º Aniversario.

En tal oportunidad comentaré, con más detalle,  la visión unamuniana de la angustia como resultado de nuestra finitud. Una frustrante finitud que llevaba a Unamuno a afirmar, frente a ella, que querríamos ser de todos los tiempos, de todas las edades, y de todos los espacios. El yo se estremece, al sentirse clausurado, encerrado y aspira a trascender sus límites. Surge así,  el afán de comunicar más allá de la presencia inmediata, más allá de la comunicación corporal y del diálogo de carácter puramente verbal  y, respondiendo a tal voluntad, surgió esta gran revolución que fue el descubrimiento de la escritura. Tal recurso posibilita enviar mensajes a personas que no están presentes, a seres que, incluso, se hallan separados del emisor del mensaje por siglos enteros, y al receptor le permite recuperar el resultado de una voluntad remota e indiferenciada de comunicación. Como la del naufrago que arrojó una botella al océano, esperando que alguien desconocido la reciba. Así son los  mensajes escritos que envía un escritor a la a la humanidad  distante y la humanidad futura. Pero tal  forma de comunicación, entonces, genera una transformación del yo, de la conciencia, alumbra una transformación radical en su historia..

Y es que existe una historia de la conciencia. Cuando se habla de la historia, se ha venido pensando tópicamente en los magnos acontecimientos que transforman su curso, en los grandes personajes, en  los más importantes inventos, en el desarrollo de la ciencia, de la tecnología y del arte. Se olvidaba, cómo también Unamuno subrayó, la existencia callada de las multitudes, de las mujeres y de los hombres, que hacen su existencia ocultamente y que construyen la “intrahistoria”. Ciertamente y, en gran parte, por influencia del marxismo se han ido introduciendo enriquecimientos, como los representados por la historia social, las relaciones de clase y las correspondientes formas de poder, y se ha abierto paso la atención a la evolución económica, como base del devenir humano. Y en aspectos sutiles se ha escrito por ejemplo ya una historia del morir, no solo de la manera física de morir,  sino del modo en que se enfrentan los seres humanos a la idea de la muerte y la asumen en el momento de encararla, realidades que han ido cambiando profundamente a lo largo del tiempo.

De análoga manera, la conciencia humana, tiene su historia. Ha recorrido un largo proceso evolutivo. Entre la conciencia de un ser, que vive en una comunidad primitiva y la conciencia angustiada del existencialista o de nuestro Unamuno, , que siente la angustia del yo, que se conmueve en el encierro de la finitud de su ego, se extiende un  largo recorrido histórico, un proceso extraordinariamente complejo.

Y en este dilatado recorrido la evolución de las técnicas y modos de comunicación ha desempeñado un papel decisivo. Cuando surge la escritura, asistimos a un fortalecimiento del ego, que se afirma en su individualidad y se separa de la comunidad,  porque el escribir y el leer son actitudes solitarias. Así como los mitos se recibían colectivamente, se interpretaban  en los ritos también en comunidad, ahora nos encontramos con  que los mensajes son transmitidos y recibidos en soledad. Entonces el yo se despega de lo que es la comunidad tribal, se encuentra a sí mismo de alguna manera. Ya la actividad técnica separaba, de alguna manera, al ser humano  del mundo, de su absorción en éste. Decía Marx en los Manuscritos Económicos-Filosóficos, que el animal es uno con su acción, se integra en esta como  parte de ella, en cambio, el ser humano es autoconsciente y dirige su propia acción. La técnica, entonces, en la medida en que actuamos sobre el mundo, nos permite también sentir el ego como algo activo, una subjetividad que desarrolla una acción sobre el entorno, sobre el   mundo. Pero en la escritura y en la lectura, este sentimiento del yo aparece todavía más intensamente acusado.

Fuertemente acusado en un dilatado e interesante proceso. Pues, naturalmente,  no podemos hablar de la escritura y de la lectura de una manera uniforme,  cual si, desde que aparecieran los primeros intentos, los primeros esbozos de escritura hasta nuestros tiempos no se hubieran dado  decisivos cambios. La escritura ha tenido una profunda evolución que también ha determinado una transformación de la conciencia consecuente con tales cambios.

En este sentido,  yo propondría que apreciáramos dos aspectos en la historia de la escritura.  En primer lugar, aquello que podríamos considerar en términos actuales, como el “software”, las reglas con que organizamos el mensaje, mediante  la elección de sus signos válidos y la determinación de su articulación.  Y, luego, en segundo lugar,  el “hardware”, el instrumental que manejamos para grabar el mensaje  y los materiales sobre los cuales este es grabado. La evolución de ambos aspectos alcanzará importantes consecuencias en la aludida historia de la conciencia.

Desde el punto de vista de lo que, de una manera orientativa, he llamado  software, podemos apreciar importantes transformaciones. Un largo camino  a través de formas variadas de escritura, como la cuneiforme, la ideográfica, la silábica hasta llegar a la alfabética. Esta última representa  la  forma más avanzada de escritura, ya que reúne la facilidad de su dominio y la univocidad del mensaje, que se  hace plenamente objetivo,  impone una lectura textual única a todo lector. De modo que tal conquista diferencia ventajosamente a este género de escritura de otras.  De aquellas que, como la misma silábica, abren un margen de imprecisión,  que genera la necesidad del intérprete. Y, de las que son difíciles de dominar, lo cual las reduce a un uso minoritario. Como la escritura tradicional china.  Una escritura que requería largo tiempo y esfuerzo para su asimilación, lo cual la convertía en un instrumento para formar una clase dominante, una élite dirigente, hasta que llegó la Revolución China que la hizo menos complicada y más  accesible.

En cambio, la escritura alfabética, a partir de su creación en Grecia, al eliminar la función del hermeneuta y hacerse fácilmente accesible adquiere un carácter democrático. Aunque, de todas maneras, el control de la escritura no desaparecerá por ello, porque, como ha ocurrido con todos los  medios de comunicación, el poder de las clases dominantes caerá como un ave de presa sobre la escritura, y se desarrollará la larga historia de la represión del pensamiento y la expresión escritas, de la censura y la quema de los libros.

Prosiguiendo nuestro recorrido, desde el otro punto de vista indicado, el del hardware, resulta  no menos intensa e interesante la evolución que experimenta la escritura desde la piedra, a través de las tablillas, del papiro, del pergamino, hasta llegar al papel.  Y tal recorrido dará a luz, en muy variadas formas,  un producto llamado a  alcanzar una importancia capital en la historia humana: el libro.

Su valoración ha llegado a plantearse en términos religiosos.  Recordemos las “Religiones del Libro”.  Tres de las religiones hoy día  más importantes y, desgraciadamente, en estos momentos, a través de las culturas  que han originado, enfrentadas violentamente entre sí, son Religiones del Libro. A saber: la Biblia base del judaísmo, la Biblia con el Nuevo Testamento, pilar  de la civilización cristiana y el Corán fundamento de la civilización islámica. Tres civilizaciones monoteístas que hoy día realmente están teniendo enfrentamientos que llegan a términos bélicos.

Considerar al libro como un objeto sacralizado, portador de una Verdad absoluta, en cuanto religiosa, constituye, sin duda, el más alto grado de su exaltación. Pero, aun sin llegar a tal extremo, podemos decir que el libro, en general, como producto y portador de la sabiduría humana, fue objeto de veneración en toda la Edad Media,  que yo  he calificado, en alguna ocasión, como la “época de la cultura del libro”.  Primeramente, los códices que elaboraban en los monasterios los monjes, con extraordinaria paciencia y cuidadoso esmero. Luego, ya con la aparición del papel en el siglo XIII, al mismo tiempo que las Universidades, el libro se convertirá en un objeto más difundido, pero aun escaso.

Y todo el saber tanto su creación como su transmisión girará en torno al libro. Estamos evocando una cultura básicamente receptiva, tanto de las Sagradas Escrituras como del pensamiento helénico, primero el neoplatónico, después el aristotélico, en cuyo marco el pensador  trata de armonizar ambos legados.  El esfuerzo filosófico y teológico emerge siempre de la erudición libresca, que tan elocuentemente expresan los “sentenciarios” dedicados a  la recogida y catalogación de las tesis mantenidas en el pasado. Y la pedagogía  medieval, consistía, fundamentalmente,  en la lectura y comentario del libro seleccionado por su relevancia,

Si Vds han leído o, simplemente, hojeado alguna summa teológíca- o filosófica, como el “Contra Gentes”-   de los medievales tiempos, habrán visto, la peculiar y significativa estructura con que el pensamiento del autor es expuesto. Primero se plantea entre interrogantes la cuestión a clarificar, seguidamente viene una ristra de opiniones favorables o contrarias a la que el autor mantiene, precedidas ·por las expresiones “videtur quod si” videtur quod non “,  a continuación se expone la tesis correcta y, finalmente,  se refutan las opiniones contrarias a la misma.  Se progresa, así, a partir de un pasado triturado y reducido a sentencias, como los dogmas a defender. Entonces es el pensamiento medieval una realidad que fundamentalmente vive de los libros, vive de los textos, para mantener o refutar sus ideas. Y el libro, refundado y renovado por el uso del papel, aunque se haya difundido más que los viejos códices, sigue siendo una realidad de difícil acceso, de carácter minoritario. Los estudiantes, reproducen sus textos,, los copian en lo que llamaban “pecias” y, luego, su contenido se debate en las sesiones, en las aulas académica. Tal escasez refuerza la actitud de veneración ante el libro, como un objeto precioso.

Es la situación que se transforma, radicalmente,  con la aparición de la imprenta. Una extraordinaria revolución, porque, con ella, el libro deja de ser un objeto exquisito. Además de hacerse accesible es desplazado de su carácter privilegiado como fuente del saber, en esta función serás sustituido por la observación de la naturaleza y su experimentación en el laboratorio. La naturaleza se convierte en el nuevo libro, escrito por los dedos de Dios según Nicolás de Cusa, en “lengua matemática” según Galileo, que fuandamenta el nuevo saber, “la nuova scienzia”.

Mas todo ello no significa que el libro pierda su importancia y su influencia sobre la cultura. Por el contrario, su difusión producirá efectos inmediatos en la conciencia humana. Pensemos cómo la aparición de la imprenta viene a coincidir  con la Reforma y el libre examen. Antes he comentado la imposición de una interpretación ortodoxa de determinados textos sacralizados y su relación con la escasez del libro. Ahora que las Sagradas Escrituras se hacen materialmente más accesibles, se extiende el poder de no sólo  leerlas, sino interpretarlas por el lector, según su libre pensamiento. Se rompe la estructura de carácter jerárquico y aparecerá un fenómeno que es muy importante en toda la época moderna, la emergencia intensa del individualismo.

El individualismo naturalmente se ha ido gestando, lentamente,  a lo largo de la historia. Podemos detectar el avance de la conciencia de la individualidad, como ya he comentado antes,  en muchos momentos,  desde la técnica, hasta la escritura, pero ahora el individualismo se convertirá en una característica muy destacada del mundo moderno. Se ha atribuido con razón esta intensa emergencia del ego individual a múltiples factores económicos, sociales y políticos. Pero no debemos olvidar, en línea con la importancia de la comunicación en el troquelado de la conciencia humana, que estoy exponiendo, el papel que jugó en el auge del sentimiento de la propia individualidad la difusión de la lectura. Ciertamente, en los primeros siglos de la modernidad el acontecimiento  afecta sólo a un sector de la sociedad, la aristocracia y especialmente la clase burguesa. Pero es esta la que protagonizará la nueva cultura, que desplaza como “clase epistémica”a la eclesiástica. Y abre un nuevo mundo cultural y político, hasta el ascenso de las masas trabajadoras. Cuya elevación a la alfabetización fue debatida hasta el siglo XXI, en que las posturas reciamente conservadoras consideraban peligrosa esta incorporación de los explotados a la capacidad de la lectura.  Mientras que, inversamente, las revoluciones emancipadoras se propusieron como objetivo fundamental la alfabetización de toda la población con campañas como las realizadas en Cuba y Nicaragua.

Una expresión culminante, que he comentado en algunos de mis libros, de la revolución que supone la imprenta, es sin duda,  nuestra gran novela El Quijote; la visión de un personaje,  tan absorbido por el mundo de la lectura, de múltiples y absorbentes lecturas, las de todos los libros de caballerías, que,  cerrados los tomos, sigue viviendo toda su existencia en ellos. Pierde el sentido de la realidad sensible y visible, suplantada por la imaginación literaria. Situación humana difícil de fantasear en otra época. Dentro de la riqueza inagotable de mensajes que nos brinda  El Quijote, uno de ellos, es precisamente el de haber expresado genialmente la transformación de la conciencia humana producida por la lectura, haber llevado al paroxismo este efecto la soledad creadora del lector.

En este recorrido, que ustedes me perdonarán que hagamos de una manera tan rápida, cual vuelo aéreo sobre la historia de la comunicación,  y  en el que mi deseo es simplemente proponer algunos puntos de partida para las reflexiones de todos nosotros, se nos va a  abrir una nueva etapa. Será consecuencia de los desarrollos que va a tener la ciencia y la tecnología en los siglos XIX y XX. En efecto, en el siglo  XIX la física, cuya base venía siendo la mecánica, sistematizada por Newton, y  que, consecuentemente, había estado guiada por categorías mecanicistas, va a descubrir nuevos territorios. Así la termodinámica sistematizada a principios del XIX,   pero, sobre todo, lo que aquí más nos interesa, es la revolución conceptual  que supone la aparición de los campos electromagnéticos. Con ella se  descubre un nuevo horizonte, que posibilitará desarrollos tecnológicos hasta entonces impensables.

La localización y el aislamiento de las entidades mecánicas se supera,  ahora, en la teoría del campo, posibilitando lo que en términos clásicos se designaba como la “acción a distancia”, difícil de encajar en categorías mecánicas. El espacio deja de ser un elemento de separación, aislante, para convertirse en un factor de interacción. Y ello permitirá abrir comunicaciones instantáneas, en que la lejanía es superada. Paralelamente, a partir del trabajo de  técnicos, como Ericson o los hermanos Lumier, se van logrando  importantes avances que conducirán a la invención de la fotografía,  a la  grabación de las imágenes, primero estáticas y, en posterior conquista, con el cine, dinámicas, registrando el movimiento, al par que se avanza también en la fijación del sonido. Procesos  que culminarán  en el nacimiento de la televisión.

Gracias a la tecnología la tiranía del espacio y el tiempo es, nuevamente, vencida. La lejanía espacial es superada en un recorrido que transita desde el telégrafo, el teletipo, el teléfono hasta la actual comunicación en tiempo real. En la lucha con el tiempo, la escritura había conseguido perpetuar los mensajes, codificándolos y fijándolos sobre materiales diversos. Pero, ahora es la misma realidad sensible, visible y audible la que es grabada. La apariencia física, el movimiento, la voz, el sonido musical se escapan de la fugacidad efímera y logran perpetuarse. También llegan a hacerse presentes en lugares lejanos con la TV y la radio.

Las artes plásticas, la pintura, la escultura habían perennizado ya, desde los orígenes de nuestra historia, las figuras, humanas y animales, los paisajes, los aconteceres, pero mediante una laboriosa recreación, en la cual el artista proyectaba su subjetividad. Ahora   se trata de una réplica literal, plenamente fiel a la apariencia del objeto enfocado. El mundo exterior es reproducido en otro nuevo y permanente.

Este mundo reúne lo auditivo y lo visual en  imágenes que son archivadas y que, a través de las nuevas tecnologías, serán transmitidas. Y manejaremos  novedosos instrumentos de información y comunicación, que nos rodean. A la página como fuente de información, la página del libro, la página  del periódico impreso, ahora se añade –esperemos que sin remplazarla y eliminarla- la pantalla.   Y el  poder social que va alcanzar este nuevo mundo, de las imágenes audiovisuales es verdaderamente extraordinario.

Respecto a dicho poder  no deja de ser altamente interesante la lucidez con que Norbert Wienert, justamente el creador principal de la cibernética,  ve no sólo las ventajas. sino los riesgos sociales y políticos del poderío  que el progreso tecnológico en el mundo de las comunicaciones ofrece al futuro de la Humanidad. Norbert Wiener, que no es ciertamente, ningún conservador, ningún reacio a los avances técnicos, sino un impulsor de los mismos advierte ya  en un libro suyo histórico, “Cybernetics”, en 1948 el peligro de que el desarrollo en los medios  de comunicación suscite el apetito de los más poderosos y, apropiándose de estos medios, consigan dominar las conciencias de los ciudadanos. Y es ésta situación, denunciada en otros muchos por Wiener, aquella en realmente nos encontramos sumidos en nuestros días. ,

Se ha dicho muchas veces que la información es poder. También lo es la comunicación.  Pero hay que comprender la profundidad de estas formas de poder. No se quedan en la mera transmisión de datos e ideas, sino que alcanzan al troquelado de las mentes, a los comportamientos y costumbres. Acabo de decir  troquelado y querría aclarar este término, que aparece en el mismo título de esta conferencia, que Vds está amablemente escuchando. Y guarda relación con las consideraciones que, al principio, yo realizaba  sobre la manera en que el ser humano es formado en la educación e incluso en los primeros cuidados prenatales.

El término troquelado que, a algunos les ha llamado la atención, es la traducción que considero más adecuada y que ha sido difundida por Rof Carballo, de un vocablo  utilizado por los etólogos y por los biólogos alemanes e ingleses: Einprägung en alemán,  printing en inglés. Designa el fenómeno en cuya virtud las pulsiones o los instintos abiertos, no ultimados, en la vida animal  reciben un recubrimiento, una orientación, una fijación, que les confiere ulteriormente la experiencia. De este modo la experiencia completa y fija impulsos genéticos no determinísticos.  Y tal  es el proceso que yo pretendo analizar respecto a los seres humanos y la influencia que en ellos ejercen los medios de comunicación: como son capaces de troquelar, de moldear nuestra conciencia.

Y para ello me parece necesario realizar algunas precisiones, especialmente sobre los medios de comunicación que surgen ya en el s. XIX, a finales del XIX, y que, sobre todo, se desarrollan enormemente en el s. XX y en el actual. Habría que distinguir entre medios de comunicación que son unidireccionales, es decir, en los cuales, hay un emisor y un receptor, mas  quien formula y dirige el mensaje, a través del canal adecuado, es el emisor y el receptor  es puramente pasivo, carece de posibilidad de réplica. Son, por tanto, medios de un solo sentido y  que contrastan con  los medios  multidireccionales, en los cuales el emisor  y el receptor se intercomunican, se envían mensajes mutuamente. Un ejemplo de unidireccionalidad muy claro, muy antiguo, es, en este sentido, la escritura,  del que hablábamos antes. En la lectura y escritura el escritor es el emisor unilateral, el lector  el que recibe el mensaje, y tal relación se diferencia naturalmente, radicalmente del diálogo. Incluso, cuando el escritor se lee a sí mismo, cosa que puede hacer para corregirse, o con voluntad narcisista de deleitarse,  recrearse en e su propio texto, esta persona ejerce dos funciones evidentemente diversas.

También una conferencia, si, tras ella, como va  a ocurrir en esta ocasión, no hay coloquio, ya que tal es la  costumbre cuando se abre el curso del Ateneo,  podemos decir que constituye  una comunicación unidireccional. Aunque, naturalmente, luego,  puedan, particularmente y con el mayor placer por mi parte, replicarme y, en una de las salas de este casa, entablemos un diálogo. Una forma de comunicación, el diálogo, que representa una práctica predilecta en la historia de este Ateneo, con su tradición de vivas tertulias mantenida hasta el día de hoy.

Volviendo a la reflexión sobre la comunicación unidireccional, creo que convendría introducir todavía una matización, a través de una diferencia importante.  Hay medios unidireccionales que son asimétricos, utilizando este término o antisimétricos, como se suele decir más bien en teoría de redes, y medios de comunicación unidireccionales que son simétricos. Es decir existen determinados medios que, aunque son unidireccionales,  permiten que el que ha recibido el mensaje, disponiendo de los mismos recursos que  aquel que lo ha emitido, es decir, pudiendo utilizar el mismo canal, tiene la capacidad de responder. Entonces se produce una bidireccionalidad, que puede, temporalmente, ser diferida, alterna, no inmediata, Pero, en todo caso, en esta relación simétrica se da una igualdad de oportunidades comunicativas  entre ambos extremos del canal, en la cual emisor y receptor intercambian sus papeles. Son medios que permiten este tipo de comunicación, el correo tradicional, el teléfono y el imternet.

En cambio, en los medios antisimétricos, televisión, radio, prensa escrita, el receptor no tiene posibilidad de réplica o si se le quiere ofrecer alguna posibilidad de tal, para ilusionar al público, se permiten en los dos primeros medios, llamadas fugaces, breves, de determinadas personas que están escuchando,  pero, realmente,  la diferencia del valor del mensaje con el de los protagonistas en la   escena que se está televisando o radiando es absoluta.  Y, en la prensa, se ofrece al lector la posibilidad de enviar un breve texto a la sección de “Cartas al Director”

Y es que hay medios de comunicación, cuya tecnología  es tan compleja instrumentalmente y tan costosa, además de requerir el trabajo de amplios equipos, que realmente su propiedad y uso emisor no puede ser democráticamente accesible a toda la ciudadanía.  Es lo que ocurre con los llamados clásicamente “medios de comunicación de  masas”, y especialmente con la televisión. En la imposibilidad de referirme, ahora, sin agotar demasiado la paciencia de ustedes, a todos los medios de comunicación de masas, querría referirme fundamentalmente a la TV.

De la TV, decía Popper, que era incompatible con la democracia. Y Popper  no era ningún reaccionario antitécnico, sino un personaje de carácter  liberal, filósofo de la ciencia y, como conocen todos  ustedes, autor de la “Sociedad abierta y sus enemigos”.  Anteriormente, respecto a  la radio, ya Beltrand Russell había, también, formulado una serie de observaciones críticas, indicando cómo ejercía una poderosa influencia sobre la gente, y se prestaba para su manipulación. Pero, ahora, me gustaría dedicar algunos momentos de reflexión a esta importancia que tiene la televisión.

Desde luego, es un instrumento utilísimo para la dominación de las conciencias, para la “domesticación de las masas”.  Según el término que yo he utilizado, en muchas ocasiones, contraponiéndolo al de la “rebelión de las masas” título del conocido libro de Ortega, por cierto bastante descaminado, pues habla ascenso de las multitudes a bienes minoritarios, sin percatarse de su empobrecimiento en los años de la crisis, justamente los mismos en que publica su libro. En todo caso, hoy, al menos en estos días, el espectáculo al que estamos asistiendo, es desgraciadamente más al de las masas domesticadas, que al de las masas rebeldes. Y uno de los instrumentos para esta domesticación más importante, es la televisión.

Sería un error pensar que esta  influencia se ejerce solamente a través de los informativos, de los momentos en que la televisión transmite noticias, la influencia es muchísimo más amplia, porque se da, también, a través de las películas o series que proyecta dicho medio. Es una influencia que, por su contenido, no afecta explícitamente a la información, pero si a los valores que guían la vida humana, a los modelos que debemos de seguir, a los personajes que aparecen como idealizables o como terribles enemigos, a la imagen de países y formas políticas  y logra, entonces,  una penetración profunda y.  muchas veces, inconsciente en el teleespectador.

Es fácil observar  cómo  en la producción estadounidense más masiva, salvando su meritorio cine crítico,  la figura del enemigo, del personaje perverso ha ido   cambiando, según las conveniencias políticas. Desde los lejanos tiempos en que Fu Manchú encarnaba el mítico “peligro amarillo” a aquellos en que, al calor de la “guerra fría” los rusos y soviéticos se convirtieron en los execrables, para trasladar tal papel a los cubanos, excluyendo, naturalmente, a los huidos del castrismo. Los indios, por su parte, realizaron un largo viaje desde su denigración como salvajes,  brutales cazadores de cabelleras, a su piadosa aceptación. Al par que, inversamente, el policía, que anteriormente ha sido marine, es objeto de alta glorificación

Pero, últimamente, se ha dado un nuevo fenómeno más sutil y que parece haber escapado a muchos observadores. Es la capciosa maniobra antifeminista, llevada a las pantallas por las policíacas en  que, con creciente abundancia, el asesinato resulta, al final, cometido por una mujer. Un sexo, por lo visto, extraordinariamente sanguinario. Con el cual los pacíficos e inofensivos varones debemos relacionarnos muy cautamente, especialmente si se trata de lesbianas. Pues la “lesbiana asesina” se ha convertido en el paradigma de los males a que conducen las ideologías que pretenden trastocar el sano y benéfico orden establecido por el patriarca capitalista.

Y es que el espectador, cómoda y pasivamente, sentado ante la pantalla se convierte en barro moldeable. Desfilan imágenes rápidas, que se suceden veloces y en su mente penetran, mas que conceptos precisos y elaborados , meras impresiones superficiales. Situación que podríamos ilustrar con un breve comentario. Todo el que ha salido en la pequeña pantalla se encuentra con que, al día siguiente,  mucha gente le reconoce, y le saluda, pero, en ocasiones, al menos es mi pequeña experiencia, lo que nos comenta es  mucho más el aspecto que teníamos que lo que dijimos. Y es que existe el peligro de que la imagen se sobreponga a la palabra. A  ello  hay que añadir  la fugacidad de la pantalla. La televisión emite, normalmente, una sucesión muy rápida de imágenes y los programas se multiplican.  De modo tal, que las personas que tienen  el  prurito de ser famosas,  apareciendo en la TV, y gozan de  ser reconocidas en la calle, en un bar, en un medio de transporte, si quieren mantener esta fama no tienen más remedio que estar apareciendo constantemente en la televisión. Porque la gente, en poco tiempo, ya se ha olvidado de tal personaje. No es como los títulos nobiliarios que se concedían de por vida y, además, se transmitían a los propios descendientes. La fama de la televisión es una fama, singularmente,  fugaz y frágil.

Lo cierto es que la atracción que la TV ejerce, determina un nurvo fenómeno de alienación. Alienación  que no es la analizó  Marx en los Manuscritos Economico- Filosóficos  respecto al trabajo en el modo de producción capitalista, ni tampoco la alienación de que es víctima el comprador en la sociedad de consumo, del adicto a la compra, que hemos  denunciado, desde los sesenta, muchos críticos de tal sociedad. Es la nueva alineación, en virtud de la cual, suplantando a la realidad viva se puede afirmar que “la realidad es la pantalla”. Ésta expresión que yo he utilizado en algún escrito, hace  mucho tiempo, luego la he visto también expresada en múltiples idiomas, en algunos textos que decían literalmente  lo mismo: “the reality is the screen”. Lo cual, volviendo sobre el ansia de ser conocido, ha llevado a afirmar que, “si no sales en la televisión es que no existes “ y. cierto es que un acontecimiento, por más importante que en sí sea. si no es televisado queda relegado a un segundo plano.

Ciertamente,  con toda  esta crítica  no pretendo negar la importancia que supone una conquista tecnológica como la televisión, un desarrollo de la técnica increíblemente admirable y que, además, puede producir efectos altamente positivos. Por ejemplo,  no ha dejado de ser emocionante para todos el ver la salida de los mineros en Chile, de la galería en que se encontraban sepultados, a setecientos  metros de profundidad. Éstos y otros muchos son momentos conmovedores, escenas  a  que la televisión nos permite asistir y vivir, junto a ciertos programas de altura cultural.  Lo que estoy criticando no es el medio en sí mismo, sino sus limitaciones si reducimos  nuestra información a la televisión y, sobre todo, el manejo que se puede hacer de este medio cuando los intereses del poder, de un poder sectario, de un poder manipulante, de un poder domesticador se hace con este potente medio.

De la pantalla de la televisión debemos pasar a la aún más pequeña del ordenador. Con ella, llegamos ya, en este recorrido tan veloz, a las “nuevas tecnologías de información y comunicación” las “NTIC”, expresadas en  siglas, que han partido, como antes decía, de la cibernética, que se creó en la II Guerra Mundial por Wiener, ultimando avances de Shanon y  otros investigadores. La novedad radical consiste en que el instrumento técnico, el aparato tecnológico no constituye una prótesis que dilata y aumenta la potencia el músculo humano, en la línea que había orientado toda la tecnología, sino que se convierte en una prolongación de nuestro cerebro.  El sistema nervioso, es el que se encuentra externalizado,  proyectado en  la máquina, lo cual supone evidentemente una extraordinaria conquista y una enorme  revolución,

Además, a este gran salto tecnológico se añade la amplia accesibilidad, la disponibilidad de algunos de sus productos por parte de cualquier usuario, como ocurre con el ordenador personal, el P.C. A través de él se puede entrar en la red, obtener informaciones rápidamente  y enviar y recibir mensajes. Si volvemos sobre la división de los medios de comunicación en unidireccionales y multidireccionles, ahora, nos encontramos con que el medio que se nos ofrece goza de la multidireccionalidad.

La comunicación y la información no sólo se ha  facilitado, sino  democratizado.  Tal situación  ha hecho que algunos hayan depositado sus su esperanzas políticas  en éstas  nuevas tecnologías. Es, por citar un ejemplo, el caso  de Tony Negry. Dicho destacado pensador y activista ha escrito que  cuando se llegue a una determinada “masa crítica”, en la difusión y uso de las NTIC se producirá una transformación de la sociedad. Pero, por mi parte, estimo que, entre el recelo que los avances tecnológicos suscitan en algunas mentes conservadoras y el entusiasmo acrítico, impulsado, además, -no lo olvidemos-  por las empresas y beneficiarios económicos y  académicos de las NTICS, que llegó a conducir a su crisis,  hay que precisar una posición equilibrada.

En primer lugar, respecto al horizonte político que pueden abrir las NTIC, al democratizar la comunicación, pienso que es necesario distinguir entre su capacidad de convocatoria y la de difundir informaciones excluidas de los grandes medios controlados por el poder. En este último aspecto no hay que hacerse grandes ilusiones, entre los mensajes emitidos por la TV, la radio o la prensa y los que podemos difundir desde un ordenador personal la desigualdad de alcance y extensión es aplastante. En este campo lo que la lucha por la objetividad  informativa exige es la apropiación o, al menos, el control de dichos medios por las fuerzas auténticamente democráticas. .  En cambio, la mera convocatoria por internet, apoyada por otros esfuerzos, si puede lograr una interesante eficacia movilizadora.

He comentado las posibilidades de las NTIC en la arena política, pero el espectro de problemas, que su aparición origina es muy amplio. En los límites de esta conferencia me voy a referir solamente a su incidencia sobre la conciencia humana, que es el hilo conductor de estas reflexiones.

Sin duda, el usuario de internet siente incrementadas sus posibilidades, no solo de  información y comunicación, sino de realizarse como difusor de sus opiniones y como escritor. Lo cual determina, en muchos momentos,  una situación caótica. Cualquiera se considera capaz de enviar un mensaje no elaborado y de propalar informaciones y juicios guiados puramente por sus frustraciones personales.  En este sentido, tenemos testimonios muy claros del  uso defectuoso, del empleo irresponsable de la red, con mensajes de intenciones denigratorias, falseadoras, que un sujeto no se atrevería a mantener en público o en un medio competente, y, en cambio,  la soledad y sensación de prepotencia ante la pantalla le impulsa a lanzar. Y, más gravemente aún, ha servido la red para estafas y abusos sexuales.

Pero, sobre todo, yo querría centrar la reflexión en otro problema que es la alieanación, que puede inducir el ciberespacio. Antes he expuesto el concepto de logosfera, como realidad que envuelve nuestro ego y presentaba la “video-audioesfera” cual innovación que, en su interior, ha surgido con el desarrollo tecnológico de los siglos XIX y XX. Ahora, nos encontramos con la aparición de la red y el surgimiento del ciberespacio.  Y uno de los temas que los colaboradores de la cátedra de psicoanálisis de esta “Docta Casa” se proponen  investigar es, justamente, el de las ciberadicciones.

En efecto, la absorción por este ciberespacio puede determinar una nueva forma de alienación.  Es el caso del sujeto que vive constantemente frente a la pantalla. Al principio de la época moderna, en la iniciación del  pensamiento moderno, Descartes escribió una proposición que siempre  me ha llamado la atención y  me ha resultado un tanto divertida, cuando en las “Meditaciones” dice:  “yo soy un ser que piensa y carece de extensión”. La idea que tenía de si mismo el filósofo francés es increíble, no se enteraba, al parecer,  de que tenía un cuerpo. Aunque no conozco sus intimidades sexuales, no me extraña que permaneciera toda su vida soltero.  ¿ Cómo  comprender las relaciones con el otro sexo o con el mismo sexo, si no se tiene extensión ninguna?.

Aquí, se abre paso lo que podríamos calificar más aún que de idealismo ,  del angelismo de la época moderna. El olvido del cuerpo, el olvido de la materia, sacrificada a la idea. Pero, ahora, y, para ultimar estas reflexiones, se me ocurre que, trasladando la afirmación cartesiana a los actuales días algún adicto a la pantalla del ordenador podría decir: “soy un Ciberser que vive  en la pantalla y carece de otra realidad” .

Antes de que aparecieran las muevas tecnologías, en el año 67,del pasado siglo, se describió el mundo actual a través del concepto de espectáculo,  por Debord,  en su famosa obra, que recoge tal concepto en su mismo título la “Sociedad del Espectáculo”.  Hoy se podría hablar de la sociedad de la imagen. Y, con un extendido tópico se repite que vivimos en la “sociedad del conocimiento”.  Pero yo me pregunto ¿ dónde queda la realidad? La realidad visible y tangible, la realidad de nuestro cuerpo y nuestras necesidades, tan mal satisfechas a escala planetaria en  este mundo, en que mil millones de seres humanos padecen hambre física y otros millones hambre y ser de justicia. Y la realidad del trabajo físico, del que se olvidan cómodamente los teóricos de la “sociedad del conocimiento”. Una sociedad en que pretenden que el proletariado ha desaparecido.

¿ Es que nos encontramos en la situación de los prisioneros en el gran mito de la caverna platónica, aquellos cautivos, que, encadenados de espaldas al entrada de la cueva solo ven, proyectadas, las sombras del mundo exterior y creen que no existe  otra realidad?  Tal es la condición a que quieren conducirnos, a través del control de la información y las comunicaciones los poderes que gobiernan el injusto mundo actual., sin excluir el recurso a la violencia, cuando no resulta suficiente la manipulación  de las conciencias. Y es la situación que debemos combatir, rompiendo las cadenas, saliendo al mundo de la auténtica  realidad y logrando que el progreso científico y técnico rinda  la plenitud de sus frutos en una sociedad emancipada. Que la utopía tecnológica se complete y eleve en la utopía social..

Habla D. Pedro López Arriba. Queridos socios como estaba previsto, hoy apertura del curso, día del socio, el Ateneo se complace en ofrecer a todos los socios y amigos una copa de vino en  Sala de la Cacharrería

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