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Ed. DESDE EL ATLANTICO

Hoy se ha conocido la triste noticia de la muerte de Carlos París Amador. Carlos París obtuvo, por oposición, la cátedra de Filosofía en la Universidad de Santiago de Compostela para pasar después a la Universidad de Valencia y, más tarde, a la Autónoma de Madrid, cuando todavía los catedráticos tenían abierta la posibilidad de trasladarse de una Universidad a otra. En sus últimos años fue el presidente del Ateneo de Madrid. El filósofo Carlos París nunca estuvo ajeno a los problemas políticos y puso su voz y su pluma al servicio de la verdad, asumiendo el coste que ello conlleva cuando supone enfrentarse al poder. Así lo demostró al suscribir una carta al entonces presidente Rodríguez, suscrita por 190 escritores apoyando públicamente la causa del pueblo saharaui. Como homenaje, merece la pena releer uno de sus artículos publicado en la época en la que tenía una columna en “La Razón”.

El Sahara occidental

Carlos París
LA RAZÓN (2-VIII-2004)

No se puede negar que el actual presidente del Gobierno ha tenido un gesto de independencia frente a los dictados de la actual Administración estadounidense al retirar las tropas españolas de Iraq e impedir así que sigan colaborando en un proceso de ilegal ocupación. Pero tampoco se puede ignorar que en estos momentos está claudicando de tal independencia en un asunto que concierne a la soberanía de todo un pueblo y a nuestra dignidad y responsabilidad como españoles. Me refiero al destino del Sahara occidental, nuestra antigua colonia, apropiada hoy día por Marruecos. ¿Se trata de pagar un fugaz gesto de soberanía?El derecho a la autodeterminación ha sido algo reconocido y practicado en los procesos de liberación colonial que han llenado la historia del siglo XX tras la II Guerra Mundial. ¿De qué serviría la liberación de la vieja metrópoli, si conduce a una nueva dependencia? Tal es lo que ha ocurrido con el Sahara. Si el abandono de la colonia para su ocupación por el reino marroquí a través del montaje de la «marcha verde» programada y abastecida por la CIA y en momentos críticos de la agonía del dictador fue lamentable, urge remediar esta vergüenza con arreglo al Derecho Internacional. Y a España, como antigua potencia colonial, le incumbe asumir un protagonismo decisivo en la defensa de los derechos del pueblo saharaui. El Frente Polisario había luchado por la
independencia, no por formar parte de Marruecos, y no ha dejado de sentir la herencia española y el apoyo activo de muchos sectores de nuestra población. Desgraciadamente la política internacional está dirigida por los intereses espurios de los poderosos. Y la Administración de los Estados Unidos viene apreciando a Marruecos como base de su política en el mundo árabe. Como régimen conservador controlable en medio de las tormentas que agitan a este mundo y como posición estratégica importante en la boca del Mediterráneo. Por añadidura esta vez Francia sigue la misma política. Y así surge la idea de incorporar Marruecos a la misma OTAN. Pero todo ello no puede sentar las bases de una vulneración del Derecho
Internacional.Evidentemente es positivo establecer y mantener unas buenas relaciones con el Reino marroquí, como con cualquier otro país, superando la crisis en que el anterior Gobierno había caído. Pero ello no puede llevarnos a actitudes injustas sacrificando los justos deseos de independencia del pueblo saharui. Que sólo se pueden satisfacer con un referéndum limpio en cuanto al censo y libre en su realización. Y que plantee la posible independencia del Sahara occidental como nuevo estado soberano en la comunidad de las naciones. El Plan Baker todavía reconocía esta meta final, aunque demorándola y planteándola en condiciones muy precarias. Pero ahora Roríguez Zapatero propone un ridículo referendo en que se plantea sólo la autonomía, renunciando a la independencia. Podríamos tomar ejemplo de nuestros hermanos de Portugal, que bajo no menores presiones no cedieron hasta conseguir el referéndum para su antigua colonia de Timor Oriental. Mantengamos nuestra dignidad y responsabilidad.

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