Intervención durante las exequias de Carlos París, corpore insepulto, en el Ateneo de Madrid, la tarde del lunes 3 de febrero de 2014

Pedro López Arriba

Hace casi 70 años, en 1945, D. Carlos París ingresó como socio en el Ateneo de Madrid. En 1997 fue elegido Presidente de esta Institución por primera vez. Posteriormente, volvió a ser reelegido en otras cuatro ocasiones, habiendo resultado electo para un total de cinco mandatos, el último de ellos tristemente truncado por la muerte el pasado viernes 31 de enero de 2014.

En todos sus mandatos afrontó graves problemas y dificilísimas situaciones económicas. A todo ello le supo dar solución. Este último año de 2013, el Ateneo ha conseguido, por fin, salir de pérdidas, y eso es importante. Como importante fue su perseverante dedicación a conseguir que la mayoría social de la entidad se uniese en el esfuerzo de hacer posible y viable que el Ateneo fuera esa institución principal de referencia para toda la cultura española, consagrada como ninguna a la difusión de la ciencia, del pensamiento, de las letras y las artes, que ordena que sea el Artículo 2º de nuestro Reglamento.

Pero a lo que más esfuerzos dedicó en sus cinco mandatos fue a lograr que el Ateneo continuase siendo percibido como el más importante punto de reunión de los hombres instruidos de España, que contribuye a facilitar la mutua comunicación y el intercambio de ideas en libertad, para que esas ideas puedan transmitirse y propagarse por toda la sociedad, como así lo estableció la Orden de 16 de noviembre de 1835 que creó esta Docta Casa.

D. Carlos París falleció el pasado día 31 de enero, justo el día en el que se cumplía el 130º aniversario de la inauguración de éste edificio, en el que se encuentra la actual sede del Ateneo Científico, Literario y Artístico de Madrid.

Estamos reunidos, hoy, aquí, en el Salón de Actos del Ateneo, salón principal de esta Casa, en el que tantas veces presidió las sesiones de la Junta General, o las aperturas del Curso del Ateneo, o importantes actos culturales. Y lo hacemos para darle un último adiós.

Ocupa hoy, pues, por última vez, el lugar de honor que le otorgamos los ateneístas en las cinco ocasiones en que le elegimos Presidente. Lugar de honor que muy pocos han merecido nunca ocupar tanto como él.

En los casi 180 años de la historia del Ateneo, tan sólo dos hombres, Moret y Cánovas, superaron los cinco mandatos presidenciales. Pero ninguno de ellos alcanza la antigüedad de D. Carlos París. Años de una vida entregada al afán de hacer posible que el Ateneo viviera cada día. Años en los que, como simple socio, o como Presidente de la institución, aportó el tiempo de su vida al encomiable esfuerzo de hacer posible que el Ateneo pudiera vivir. Y lo hizo hasta su último aliento.

Por eso hoy, ante la tan dilatada como admirable trayectoria ateneísta de D. Carlos París, el mejor homenaje que le podemos dedicar es el de tomar como referencia ese tan alto ejemplo ateneísta y que nos comprometamos, como él lo hizo, y ojalá que con tan satisfactorios resultados, a la noble tarea siempre inacabada de hacer posible la pervivencia de esta Docta Casa.

Por eso hoy, ante el cuerpo de nuestro Presidente, presente por última vez en este Salón de Actos, os pido que nos unamos en el solemne compromiso de realizar todos los esfuerzos necesarios para continuar la tarea a la que él se dedicó con tanta devoción y esfuerzo durante casi 70 años, para decir, como en un juramento:

Que no habrá dificultad u obstáculo de ninguna clase que los ateneístas no seamos capaces de vencer, por adversas que puedan parecer las circunstancias; que no habrá discordia o polémica capaz de enfrentarnos y de apartarnos de nuestra dedicación a hacer posible la vida de esta noble entidad; y que el Ateneo de Madrid perdurará para siempre.

Que así sea.

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