CAMBIO 16 9 de febrero de 2014

Rafa García Rico

Sobre el erial de la política y su descrédito no merece la pena ni hablar. Quizá sea mucho más interesante atender, aunque solo sea por un instante, al reverso de la situación, la otra cara de la moneda, el otro lado del espejo. Esta semana ha fallecido Carlos París, filósofo, ensayista, presidente del Ateneo de la calle Prado, la vieja institución centenaria. Un hombre de izquierda desde que adquirió su conciencia política y un hombre consecuente desde que asumió las ideas que siempre defendió, incluso contra la corriente de la conveniencia y el posibilismo, o el oportunismo, más bien, ese paradigma cancerígeno de la cultura española que tanto daño ha hecho al pensamiento crítico

No es de extrañar que en la erade la inconsecuencia, es decir, en esta de los mercados, de la atrabiliaria crisis económica que sirve de paraguas para justificar todos los desmanes, hablar de filosofía, y referirnosa un hombre cuya vocación consistía en desentrañar intelectualmentelos mecanismos que sostienen la injusticia del sistema, no está, desde luego, de moda. Si no eres tertuliano, si no sale sen televisión, el mundo se estrecha para ti de forma radical. No merecela pena detenerse mucho en ello por que es sabida la intención de la cultura espectáculo que transforma la política, los problemas sociales,la realidad amarga del   muchos, en una serie de rifirrafes para mayor gloria de sus protagonistas, orillando con mezquina intención el fondo real de lo que sucede.

Carlos París formó parte de esa saga apenas conocida de pensadores comprometidos – los compañerosde viaje – que dieron un paso adelante llevando su implicación a la militancia activa, aun a riesgo de su propia estabilidad y seguridad, compartiendo no solo las convicciones de la inmensa mayoría, sino luchando, como no hicieron tantos, por conseguir su aplicación. Militante comunista de los que se la jugaban dando la cara cuando eso contaba, Carlos París, yendo contracorriente, mantenía una visión del mundo, la crítica del capitalismo desde una perspectiva marxista acercándose a la rebelión social de la indignación por los abusos despiadados del sistema, poniendo voz en su último ensayo a la denuncia contra la mentira enla que nos tiene instalados un orden económico brutal apuntaladopor una casta política –lo llaman democracia y no lo es, se dice enlas calles– que se alterna en lafunción de servicio doméstico del capital.

Mantener la esencia de las ideas, esquivar las galas de palacio, abstraerse de lo inmediato   el interés espurio del poder, no es tarea fácil. Pensar, aportar valor al pensamiento colectivo, infundir esperanza mediante una visión crítica, mantenerse erguido ante los golpes de la existencia, sujetar con fuerza la vieja bandera delos ideales, defender la memoria, apostar por el futuro, hacer de la razón la lucidez necesaria de la política,  de Carlos París, de las que ya han demostrado carecer quienes se empeñan en desgastar las viejas ideas de la izquierda, manoseándolas en beneficio propio, para perpetuarse en la burocraciainstitucional.

Además, era un hombre honesto, bueno, como dijera Machado, capaz de rebelarse más allá de losochenta años con la misma fortaleza que un joven gritando en la barricada.Un hombre valiente.Descanse en paz.

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