MUNDOOBRERO.es 2/02/214

Eddy Sánchez Iglesias. Director de la Fundación de Investigaciones Marxistas

Ha sido un fin de semana intenso de movilizaciones en Madrid. Movilizaciones de masas con un fuerte componente popular y que sirven de contexto para homenajear a un luchador intachable, como era Carlos París.

A Carlos le conocí en el marco de la preparación del I Encuentro de Ciencia y Universidad organizado por la FIM en 2011. En dicho encuentro trazó lo que han sido los pilares de su pensamiento en relación con los ejes fundamentales de su obra filosófica y política: la filosofía de la ciencia, su compromiso académico y su militancia comunista. Intervención que tuvimos el acierto de grabar y que editáremos desde la FIM próximamente.

En relación a su pensamiento filosófico, Carlos formó parte de una generación que llegó a la universidad en la década de los años 50 del siglo pasado. En aquellos años las facultades de filosofía y letras estaban hegemonizadas por el pensamiento escolástico que desconectó al pensamiento filosófico español de lo que ocurría en el resto del mundo.

El estudiante París conectó con los círculos estudiantiles de filosofía que buscaban una ruptura con los enfoques dominantes. Las pocas facilidades de estudiar en el extranjero venían de las becas a Alemania, que permitieron a Manuel Sacristán obtener una beca y formase en la rama de lógica, de la que fue pionero en nuestro país con su tesis dedicada a la epistemología heideggeriana. Otro de los enfoques venían del realismo objetivista representado por Sánchez Ferlosio, amigo de Carlos París, con el que fundó la revista Theoría, que entraría en rápida confrontación con el pensamiento académico del momento.

Carlos París evoluciona hacía un racionalismo de raíz humanista que le aleja del existencialismo, cada vez más presente en la filosofía española, que según el propio autor asociaba a la influencia de la obra de Unamuno en nuestro país, y que facilitó la conexión española con las corrientes existencialistas de la Europa del momento. Este acercamiento al marxismo era consecuencia lógica de su creciente compromiso antifranquista y su oposición al pensamiento escolástico. Si el marxismo marcaba su compromiso intelectual y social de aquellos años, su interés por la ciencia y la tecnología era consecuencia de su empeño por romper el aislamiento y el atraso que sufría nuestro país.

Carlos París dedicó desde entonces gran parte de su obra al estudio de la naturaleza de la filosofía en relación a las ciencias, en fuerte oposición a los enfoques empiristas y mecanicistas propios del “desarrollismo”. En mi opinión aquí encontramos un enfoque de total relevancia para la izquierda marxista actual, en un contexto de pobreza teórica que le lleva a la izquierda española contemporánea a asumir los planteamientos de la “neutralidad de la ciencia”.

En primer lugar la crítica a la visión dominante de la regularidad de la naturaleza, a través del concepto de la “Ley natural”. Esta concepción lleva a asumir la uniformidad del universo gobernada por leyes comunes inmutables en el tiempo, que entroncan tanto con la idea religiosa de la naturaleza como una realidad “unitariamente creada”, como con la concepción burguesa del capitalismo como ley natural ahistórica. Esta visión de la naturaleza marca el entramado epistemológico de la física clásica.

En segundo lugar, Carlos París critica la visión “matemática” de la naturaleza, que explica el ideal de precisión y el desarrollo instrumental, como voluntad tecnológica que deriva en una visión de la naturaleza como una relación matemática, es decir, mecánica.

Por último y en tercer lugar, la crítica a la visión del medio físico como “máquina de precisión”. Esta regularidad mecánica en torno a la imagen del “reloj”, de la naturaleza como realidad mecánica, propia de pensadores como Leibniz. Planteamiento que lleva a la representación de la naturaleza como tecnología-progreso-capitalismo.

Desmontar este planteamiento dedicó gran parte del esfuerzo teórico de Carlos París, de la que destaco el artículo “Ciencia y lucha de clases” aparecido en la ya mítica revista Argumentos dirigida por Daniel Lacalle. Artículo en donde la ciencia aparece como el resultado de la praxis humana en un momento histórico concreto, y no como una realidad natural aislada del hombre. La técnica como resultado de la actividad humana y de la relación del hombre con la naturaleza a través de una actividad práctica, la producción de los medios para la supervivencia de una sociedad en un momento histórico determinado. Esta visión de la ciencia y de la técnica como praxis humana, como realización práctica de la relación entre la sociedad y el medio físico en la que se inserta, nos permite comprender que esa actividad práctica explica que la ciencia no es neutral, sino consecuencia de la lucha de clases en cada momento.

Esto nos permite entender que la ciencia puede ser un marco de desarrollo de las fuerzas productivas, o como es el caso actual, como un poderoso instrumento de destrucción de las mismas. Alejarnos del tecnologismo elitista, que nos lleva a la creencia de que la solución de los problemas de España por medio de la llegada al poder de “ingenieros” sociales y cíentíficos es una de las claves que nos permite alejarnos de algo obvio a mi entender; que la izquierda que represento sube en votos de manera paralela que pierde rigor teórico y capacidad programática. Estudiar a Carlos París es un buen antídoto a ese mal.

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